
Este es el primer disco solista de Rick WAKEMAN donde el énfasis se pone en el factor rock, aunque está lejos de ser un disco de hard rock o de limitarse a un rock estándar: de hecho, las pretensiones sinfónicas estilizadas de WAKEMAN siguen intactas, y puesto que el concepto del disco se enfoca en una visión un tanto pesimista sobre el carácter autodestructivo de la Humanidad, el rasgo melancólico es el que más se hace notar en los ambientes creados en la mayoría de las ideas musicales. También se trata del primer disco de WAKEMAN donde el rol vocal (Ashley HOLT a cargo) ocupa un lugar particularmente destacado, sin que ello implique un anulamiento de los espacios de lucimiento instrumentales para híper-barrocos solos y abrumadoras cortinas orquestales. Otro detalle que amerita señalarse es que el fino y versátil baterista Tony FERNANDEZ hace su incursión en el exigente mundillo del prog con este disco, iniciando así una etapa de numerosas colaboraciones al lado del mago de los teclados. No puedo elogiar lo suficiente cuán constructiva resulta la labor de FERNANDEZ a la hora de establecer un fundamento rítmico sólido, y a la vez, lleno de trucos ingeniosos que le permiten transitar por los diversos cambios de compases y ambientes con total naturalidad.
Los cinco primeros temas conforman la suite ‘Music reincarnate’, cuya idea central es un enfoque de la reencarnación del alma humana como si se tratara de un periodo de búsqueda de la propia música que cada hombre tiene en su interior y que eventualmente podría ayudarles a fomentar un espíritu constructivo en sus vidas. Pero finalmente todos lo echamos todo a perder… Es por ello que notamos una espiral de creciente decepción en los temas 4 y 5 (este último resulta especialmente sombrío) tras el entusiasmo inicial de ‘The warning’ y el canto de esperanza vertido en ‘The maker’. La belleza serena de ‘The maker’ y el gancho efectivo de ‘The spaceman’ los convierten en mis números favoritos de esta serie, aunque también tengo en buena estima el esplendor coral que se destila a lo largo de la serie de diversos pasajes en ‘The warning’. Sin embargo, el esquema general resulta más exitoso que su realización fáctica, pues ésta adolece de la necesaria dosis de unidad que le hubiese permitido sustentar una mayor coherencia integral: sin caer precisamente en el caos, su sentido del orden no resulta del todo completo. En menor medida también destaco la melancolía pseudo-bluesera de ‘The realisation’ y la oscura vibración cósmica de ‘The reaper’, el cual incluye los momentos de mayor densidad emocional del disco. Vaya, quién diría que alguien que un par de años atrás se sentía harto de las etéreas veleidades metafísicas de Jon ANDERSON estaría dispuesto a crear su propio misticismo existencialista.
De los dos temas que siguen, destaco el imponente ‘The prisoner’, el cual encarna en buena medida las mejores virtudes de las composiciones más logradas de WAKEMAN: motivos atractivos, solos bien armados con pirotecnia e inmensa sensibilidad melódica (el clavicordio resulta explosivo a la vez que conserva su poder evocativo barroco), giros de acordes organizados de forma natural, diálogos ingeniosos con los metales, además de un buen esfuerzo de Ashley HOLT por reflejar en su canto la gravedad de la lírica (las sucesivas condenas terrenal y supraterrenal de un homicida). Las cosas claras: se trata de mi canción favorita del disco. Para el momento en que llegamos a ‘The lost cycle’, me da la impresión de que la novedad del disco ya está agotándose, aunque ciertamente disfruto mucho del tono fúnebre del pasaje final. El pesimismo temático de la suite mencionada en el párrafo anterior es revisado al nivel de la historia de la Humanidad, enfatizando la conclusión de que todo género animal racional lleva consigo, junto a la marca del progreso, la marca de la destrucción de su propio entorno y de sí mismo.
A pesar de carecer de la exquisita majestad de "The Six Wives of Henry VIII" y "Criminal Record", y de no contar con un repertorio tan parejamente espectacular como "The Myths & Legends of King Arthur", este disco resulta merecedor de un balance general bastante positivo. Rick WAKEMAN está empezando aquí a mostrar su faceta más rockera, sin llegar a la exaltación de "Out There" (28 años más tarde) ni a la frescura de "1984", pero anunciándolas con convicción y una buena dosis de creatividad musical. No son pocos los fans progresivos que no se muestran tan entusiasmados como yo ante este disco, pero yo por mi parte considero a "No Earthly Connection" como un trabajo digno de disfrute.
–César Inca MENDOZA, para Manticornio.
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