
Con este álbum homónimo, SUPERTRAMP
hizo su debut en el mercado discográfico. Se trata de un
disco que muestra la inmadurez de un grupo que aun estaba en aras
de crear su propia voz, y además, suena un tanto anticuado;
pero, puesto en perspectiva, queda como una joya valiosa de art
rock con claras orientaciones progresivas. Desde su ingreso en esta
banda fundada por Richard DAVIES, el muy joven Roger
HODGSON formó un equipo compositor bastante entusiasta
y prolífico, el mismo que en esta etapa primigenia se completaba
con el eficiente guitarrista Richard PALMER (futuro socio
letrista de KING
CRIMSON en su época 73-75). En buena parte éste
es un disco muy centrado en HODGSON, pues él no solamente
asume la voz principal en casi todo el material, sino que también
se desdobla en varias funciones instrumentales (guitarra acústica,
flageolet, cello) aparte de su habitual rol de bajista: esto habla
muy bien se su ímpetu creativo, teniendo en cuenta que se
trataba del miembro más joven y el último en conformó
con HODGSON una eficaz dupla rítmica. En todo caso,
DAVIES y PALMER son indudablemente las figuras centrales:
el primero elabora efectivas cortinas y progresiones de teclado
para sostener las líneas melódicas de los temas, mientras
que el segundo asume la mayor parte de los solos a fin de acentuar
las mismas. El enfoque musical del grupo tiene cierto parentesco
con el GENESIS
de "Trespass" (sin esa mágica densidad) y el BEGGARS
OPERA de "Act One" (sin ser tan bombástico),
aunque la melancolía introspectiva de THE
MOODY BLUES puede servir como un referente más cercano.
El disco abre con una versión abreviada de Surely
a modo de entrada; la verdadera apertura viene con el explosivo
Its a long road, producto de una mezcla
bien amalgamada de RnB y rock duro. Más adelante,
Nothing to show explorará la misma veta
- poniendo mayor énfasis en el factor jazzero -, aunque no
posee el mismo gancho. Desde ya nos consta el nivel de genuino entusiasmo
de parte de SUPERTRAMP, pero creo que es en sus piezas menos
frenéticas donde se lucen más. El tercer tema comienza
con una tocata introductoria, sutil, muy a lo Haendel, y luego se
torna en una balada acústica introspectiva. A continuación
viene Words unspoken, una canción muy
bella donde los fraseos de guitarra hacen un efectivo contrapunto
a las líneas cantadas por HODGSON. Maybe
Im a beggar es una mini-suite que exhibe una melancolía
intensa: las cortinas de órgano y los multivalentes solos
de guitarra que se explayan en el interludio y el final crean un
contexto adecuado para los cantos alternados de PALMER y
HODGSON – tal vez la pieza más brillante de este
álbum. Shadow Song es un cálido
tema acústico muy a lo hippy, que incluye un tono más
exótico, con la inclusión de bongoes y balalaika –
hasta cierto punto me recuerda a los temas más serenos del
JETHRO TULL
más añejo. Try again es el tema
diseñado para llamar la mayor atención. Con sus casi
13 minutos de duración, esta suite es básicamente
una balada progresiva expandida a través de arreglos que
van surgiendo a través de jams y retomas: entre los momentos
más interesantes de esta impactante pieza están las
citas de BACH
que aparecen en algunos fraseos de guitarra, la inclusión
de contundentes atmósferas blueseras en el jam intermedio,
la secuencia psicodélica aleatoria que antecede a la sección
final, y por supuesto, este mismo final que lleva al explosivo clímax.
Pero este clímax es solo momentáneo, pues es la versión
larga de Surely la que cierra el disco propiamente
– comenzando con la sección cantada completa en clave
acústica, el grupo entra de lleno en la segunda parte para
expandirse con el motivo armónico principal hasta que llega
el clímax definitivo.
Un disco bastante interesante es este trabajo debut de SUPERTRAMP:
a pesar de los indicios de inmadurez estilística, contiene
la suficiente cantidad de buenas ideas musicales como para merecer
un balance general positivo.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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