
Antes de grabar su tercer disco, SKY
tuvo que soportar la primera deserción de sus filas –tal
fue el caso del teclista Francis MONKMAN, quien de por
sí ocupaba un rol crucial dentro de este combo británico
debido no solo a su pericia técnica sino también a
sus valiosos aportes compositivos al repertorio del mismo. Su reemplazante
Steve GRAY era igualmente un tipo de formación académica
y dueño de una técnica excelente, pero su orientación
artística era más marcadamente sobria y "convencional",
es decir, con una orientación más comedida hacia la
experimentación extendida con los parámetros orquestales
del progresivo sinfónico. Sus aportes composicionales 'Hello'
y 'Sister Rose' son sendas muestras de la personalidad de
GRAY como autor. Con su presencia, pues, el quinteto empezó
a realzar un poco más su lado abiertamente melódico,
lo cual se tradujo en una tendencia a suavizar su sonido y acercarlo
de manera reiterada hacia el campo del jazz-pop y en menor medida,
el funky. En tal sentido, podemos percibir a 'Chiropodie No.
1' y 'Moonroof' como ejemplos sintomáticos del
tenor general de "Sky 3": melodías atractivas,
arregladas de tal modo que mantengan su gancho y adquieran un nivel
de exquisita sofisticación, pero sin manejar contrastes marcados
ni cualesquiera otros arreglos osados que rompan con el espíritu
preciosista del disco. 'Connecting rooms' (hermosa pieza
de la autoría del baterista Tristan FRY) mantiene
este mismo espíritu, aunque sosteniendo una estructura progresiva
bastante dinámica, con tres motivos melódicos bastante
diferenciados entre sí: el primero es etéreo y parco,
el segundo es celebratorio y juguetón, y el último
es melancólico y amable.
El lado más solemne de "Sky 3" queda muy bien
representado en la exquisita versión de la Zarabanda de Haendel:
basada en un arreglo por iniciativa de John WILLIAMS, el
quinteto sabe transmitir la hermosa sencillez de la pieza, dándole
un toque fastuoso con el suficiente sentido del equilibrio como
para no desbordarse en algo innecesariamente rimbombante –
en mi humilde opinión, es uno de los picos de este disco.
Otro tema resaltante es 'Meheeco', especialmente por sus
toques exóticos derivados del latin jazz salpicado con algunos
matices tenues de color mariachi. El buen humor se hace presente
en 'Dance of the big fairies', donde el bajista Herbie
FLOWERS toma la tuba para dirigir a la banda en un paseo desde
el barroco hasta el folklore griego, pasando por el vals vienés.
Algo que no debe dejarse sin mencionar es que el dúo de los
guitarristas Kevin PEEK y John WILLIAMS funciona con
un nivel de compenetración performativa en ocasiones más
intenso que nunca antes: esta compenetración llega casi a
la "simbiosis" en los pocos momentos en que WILLIAMS
cambia su habitual guitarra clásica por una eléctrica
para operar en la faceta rítmica: este elemento debe juzgarse
a partir del incremento del jazz y el funky, antes mencionado.
En suma, un buen disco, bien ejecutado, lleno de ideas bastante
interesantes en términos de composición y arreglos.
Aunque es fácil de advertir que carece del filo especial
de sus dos primeros discos, es al fin y al cabo recomendable para
cualquier amante del sinfonismo elegante y de buen gusto.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
|