
Dos años después de la edición de su homónimo
disco debut, el asombroso sexteto QUELLA
VECCHIA LOCANDA continuó con su carrera discográfica
lanzando al mercado su hermosa obra maestra "Il Tempo della Gioia".
Ya para este momento la banda había experimentado un cambio
en su formación en un rol fundamental dentro de su sonido:
el del violinista. El nuevo encargado del violín es Claudio
GILICE, quien supo acoplarse muy bien a la faceta académica
de la banda mientras que hacía pesar su preferencia por el
jazz. Es por ello que el grupo deja un poco de lado los factores
de blues eléctrico y hard rock que tan gravitantes habían
sido en su primer disco; ahora los colores predominantes son las
siluetas finamente elegantes del barroco y los retazos exuberantes
del jazz, con lo cual QVL alcanza sus picos de excelencia
y exquisitez como ensamble instrumental. La producción de
sonido también es más pulcra, aunque no por ello lo
que se escucha pierde en intensidad. Otra cosa que se puede notar
es la mayor profusión de las partes de teclado, especialmente
en lo que se refiere a los omnipresentes acordes de piano (el teclado
más prominente), las partes de clavicordio que destacan en
la mezcla cuando aparecen, y alguna que otra textura de sintetizador
que entra a tallar dentro del tapiz sonoro. Mientras tanto, la guitarra
(tanto la eléctrica como la clásica) mantiene un perfil
más bajo, solo saliendo a relucir en algún solo ocasional.
Las partes de flauta entran oportunamente para acompañar
al violín, y con ello realzar el aspecto académico
del asunto: los ejemplos más palpables están en el
poderoso tema de entrada, así como en el muy barroco interludio
'A Forma di...', diseñado para capturar el corazón
del oyente atento con fina delicadeza.
Pero dado que el factor jazzero es también muy fuerte, e
incluso añadiría que es el elemento protagonista,
los solos suelen tener una forma muy libre, menos atados a la lógica
de la orquestación arquitectónicamente ordenada. Los
tres temas restantes son muestra de ello, lo cual los convierte
en los más genuinamente representativos del disco. Ojalá
'Un giorno, un amico' y 'È accaduto una notte'
hubieran sido un poco más extensos, pues estos temas parecen
dejarnos con un sabor incompleto en la boca tras disfrutar del despliegue
de la belleza e ingenio invertidos en ellos, pero no puedo negar
que el estruendo seco con que se cancela el tema es realmente memorable.
Éste es mi disco favorito de QVL, y como tal, solo
puedo, a modo de comentario final, etiquetarlo como una de las obras
maestras definitivas del progresivo italiano de todos los tiempos...
una lástima que sea tan breve, pero ése es un detalle
secundario.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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