
El sorprendente e imprevisible grupo italiano PIERROT LUNAIRE comenzó su breve pero interesante trayectoria discográfica con éste, su homónimo álbum debut. El estilo progresivo que ellos comenzaron cultivando estaba bien enmarcado en la línea melódica de raíz bucólica, cercanamente emparentada con la onda de CELESTE y la faceta acústica de PFM. El rol de las guitarras (mayormente acústicas) es fundamental casi todo el tiempo a la hora de establecer las pautas armonicas y crear los ambientes reflexivos e intimistas que inundan el repertorio. Por su parte, el fino teclista STALTERI destila sus cortinas, acordes y solos de piano y órgano con una delicadeza exquisita; sus intervenciones de sintetizador mas que nada apuntan a complementar con ornamentos y texturas adicionales la labor realizada por las guitarras acústicas y los teclados más “convencionales”. Lo mismo vale para las intervenciones ocasionales de guitarra eléctrica y flauta.
Ahora bien, en este disco hay algo más que un simple catálogo de esbozos y esquemas amables: de alguna manera se filtran en ciertos pasajes algunos recursos sonoros ligeramente perturbadores, como si hubiese alguna fuerza de tensión subyacente al predominante clima bucólico, que a duras penas logra hacerse notar de vez en cuando. Esta tensión se manifiesta en algunas disonancias explotadas con suma sutileza, apelando más a una belleza misteriosa que a un desequilibrio deconstructivo. Esto se nota desde ya en el tema de entrada ‘Ouverture XV’, construido al modo de una pompa palaciega renacentista, en la cual la energía dispuesta en los acordes de piano destila una especie de inquietud en medio del dueto de guitarras acústicas. Otras muestras de sensibilidad acústica rociada con sorprendentes gotas de rocío disonante están contenidas en ‘Invasore’, la sincopada ‘Lady Ligeia’, y el sombrío ‘Narciso’. Pero por otra parte, la faceta pastoral queda reflejada con cautivante candor en ‘Raipure’ e ‘Il re di raipure’, piezas muy mediterráneas; lo mismo sucede con ‘Sotto i ponti’. El instrumental de cierre ‘Mandragola’ es la pieza más bizarra del disco: sostenida sobre un compás marcial de piano, bajo y tímpanos, se extiende un motivo recurrente compartido por el órgano y el sintetizador, mientras algunos punteos de guitarra no exentos de agresividad se disparan a ratos al modo de contrapuntos ocasionales – finalmente, la coda expone un breve reprise del motivo del tema anterior, ‘La saga della primavera’, con una guitarra clásica que parece brindar una paz mística tras la explosión extrovertida que tuvo lugar.
Solo me queda concluir resumiendo que "Pierrot Lunaire" es un disco muy agradable y atractivo, donde la sensibilidad acústica predomina, pero dejando espacio para ciertas experimentaciones raras. No nos dejemos engañar por los colores que ocupan la mayor parte de la envoltura: este disco contiene una complejidad inteligentemente sutil, manejada con elegancia y efectividad en simultáneo. PIERROT LUNAIRE hizo un muy buen trabajo aquí.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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