
Este es un álbum que va a generar polémica; a unos
les va a gustar, otros lo vamos a odiar. Un dinosaurio que se resiste
a desaparecer, el ingeniero de sonido que inició su carrera
copiando cintas en Abbey Road, y que se hizo legendario por su colaboración
en "Dark Side of The Moon", sigue prestando su nombre
a proyectos cada vez más ajenos al sonido que creó
a partes iguales junto con Eric
WOOLFSON. Ni falta hace aclarar que este álbum me
decepcionó profundamente. No solamente falta WOOLFSON,
ahora tampoco están Andrew
POWELL ni Ian BAIRNSON, ni siquiera Colin BLUNSTONE
o Stuart ELLIOTT, quienes fueron los que prácticamente
sacaron "The Time Machine" con el nombre de PARSONS
en la portada, hace cinco años. Ahora Alan
está prácticamente solo, y se hizo ayudar de un montón
de músicos y DJs desconocidos (al menos para mí);
además, papá PARSONS sube a bordo a su hijo
Jeremy, con una intención muy similar a la que tomó
papá FROESE
cuando mete a Jerome como miembro permanente de TANGERINE
DREAM (¡vaya, hasta los nombres de los hijos se parecen!).
Como siempre, la producción es impecable; si por eso fuera,
este álbum ya sería un clásico, pero desafortunadamente
se necesita algo más que habilidades técnicas para
tener un buen producto. Nueve cortes, 3 de los cuales son "remakes";
apenas poco más de una composición nueva por cada
año de los cinco que han transcurrido desde la última
vez que salió un álbum con la etiqueta "PARSONS".
Eso sí, con este álbum Alan inicia una expedición
descarada en el mundo de la música electrónica (¿Acaso
ahí es donde está el dinero?). Excepto por Return
to Tunguska, una adaptación a la pieza que Alan
compuso para el soundtrack de "Out of Order", y
que con la inclusión de David
GILMOUR se logra una atmósfera oscura muy interesante,
el resto del álbum se pierde en experimentos y guiños
al público fanático de la música electrónica.
Solo para completistas y fans leales.
–Martín
HERNÁNDEZ.
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