
Similar a lo que ocurrió con el MARILLION de FISH, el segundo álbum del MARILLION de HOGARTH muestra un avance significativo en cuanto a la adquisición de un mayor nivel expresivo por parte de sus integrantes. Se nota que se empiezan a entender, a readquirir aquella madurez que habían logrado y la mancuerna que logran HOGARTH y HELMER para escribir los líricos ahora brinda un trabajo conjunto que se sabe aprovechar, en vez de una combinación de letras de uno y de otro que se arman luego.
La alineación de esta segunda parte de MARILLION se mantiene estable con Steve HOGARTH (voz, teclados adicionales), Steve ROTHERY (guitarras), Mark KELLY (teclados), Pete TREWAVAS (bajo) y Ian MOSLEY (percusiones), respondiendo positivamente al lado rítmico y sentimental del nuevo líder. Este lado es evidente en las secciones rítmicas de las canciones y en las pausas que se dan en la expresiva persistencia neo progresiva de la banda, pero más notoria en la canción 'No one can', éxito de corte comercial, sencillo promocional y versión alternativa que se presentaría para coleccionistas el siguiente año. Por lo demás, la música mantiene un conocido timbre y unas ganas medio ahogadas por representar sonidos que se explayen con poder y que logren diferenciar al grupo.
Fue hasta el segundo álbum de estudio que HOGARTH (y MARILLION) decidieron terminar de sepultar al arlequín cambiando el logotipo de la banda. El sonido maduró, las composiciones maduraron, el grupo maduró, sin embargo todavía no se sueltan, todavía le tienen precaución a lo que puede hacer el grupo…
–Alfredo TAPIA CARRETO. Opinión personal.
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