
Antes de grabar éste: su primer disco de estudio, LIZARD
ya advertía en qué consistiría pues lo presentaba
en sus conciertos anteriores. Damian BYDLINSKI (voz), Andrzej
JANCZA (teclados), Miroslaw WOREK (guitarra), Janusz
TANISTRA (bajo) y Mariusz SZULAKOWSKI (batería),
alinean una formación que si bien no es prolífica
(su segundo disco de estudio sale hasta el 2004), sí demuestran
una gran calidad interpretativa en lo que exponen.
Es cierto. En la música de LIZARD se pueden encontrar
referencias musicales por contagio, influencia y reconocimiento
de los más importantes representantes del rock progresivo
clásico sinfónico europeo de la década de los
setenta, mas una pizca de lo más característico y
excelso del neo progresivo, también europeo pero claro, de
mediados de los ochenta (de qué otra manera podría
ser). Uno piensa en los grandes exponentes. Sin embargo, la escuela
de Europa del Este, la técnica perfeccionada, la actualización
tecnológica, la capacidad actual, a final de cuentas, imprimen
su propia imagen en un gran y poderoso, que no estridente, progresivo
sinfónico de dimensiones elevadas.
A pesar de la fuerte presencia vocal de Damian no se trata
de un concepto sustentado por los cantos; el álbum está
muy bien equilibrado en las partes musicales y vocales, y éstas
son cantadas en polaco, con gran dominio en sus registros e intenciones.
Los teclados de Andrzej distribuyen bien los sonidos electrónicos
y sus emulaciones tipo acústico y las atmósferas que
crea son envolventes, incluso cuando imitan a un oboe o a un ensamble
de cuerdas resulta difícil distinguir la diferencia, saber
si esos instrumentos son reales o no. El bajo de Janusz mantiene
un gran soporte, es profundo y sus escalas complicadas. La guitarra
de Miroslaw es bien rasgada; cada sección rítmica
se integra bien, marca bien las pautas y cada solo expresa con coherencia
el diálogo con los demás elementos musicales, y la
batería de Mariusz es intrincada, sólida, precisa,
golpeada con poder donde requiere y acariciada con pasión
donde merece. Aunado a lo anterior, al equilibrio armónico
de la obra aparecen eventuales influencias folk, dulzura, misticismo,
sinfonía, contemporaneidad. Un álbum muy recomendable
para amantes del buen rock progresivo, especialmente para aquellos
que disfrutan más el clásico sinfónico. Incluso
para quienes gustan más del neo progresivo y quieren algo
más complejo. Una especie de evolución de lo sencillo
a lo intrincado, sin saltar abruptamente de uno a otro.
–Alfredo
TAPIA CARRETO. Opinión personal.
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