
De las tres obras maestras progresivas que KING
CRIMSON registró en estudio durante su época
con John
WETTON, "Red" es mi favorita indiscutible. Este
disco en cuestión sigue por la senda rockeramente filuda
de su antecesor "Starless and Bible Black", y si bien
no llega a igualar la mágica sofisticación de "Larks
Tongues in Aspic", de todas formas logra realzar la energía
al rojo vivo que KC ha venido amaestrando sabiamente dentro
de su propuesta musical. Esta energía es llevada en "Red"
hacia su tope de excitación e inventiva musical, y eso que
estamos hablando de una banda que siempre se ha manejado sobre parámetros
exigentes desde su glorioso debut del año 1969. Bueno, el
nivel de potencia sonora del repertorio de "Red" sale
a relucir de manera frontal e inapelable, irónicamente a
pesar de que el grupo ahora estaba reducido al formato de trío
– parece que KC halló el modo de conservar y
robustecer su llama a medida que iba decreciendo cuantitativamente.
Un rasgo peculiar de este disco, dentro de su período 73-75,
es la presencia relevante de instrumentos de viento (saxos, oboe,
corneta), los cuales reaparecen después de la fase final
del período de co-gobierno FRIPP/SINFIELD.
El tema homónimo que abre el disco es toda una lección
de cómo encajar progresiones disonantes de acordes en un
contexto de hard rock; los diálogos y contrapuntos que establecen
FRIPP, WETTON y BRUFORD
a través de los motivos centrales y el siniestro interludio
están inteligentemente armados, mostrando un despliegue combinado
de nervio e inteligencia. Este enfoque será recurrente en
una multitud de pasajes del repertorio remanente: el tema Red
queda como emblemático de la línea general del disco.
Fallen angel alterna esta aspereza espartana
con otros momentos más marcadamente melódicos, basados
en los acordes de guitarra acústica que arman las bases de
las mudanzas. Es de notar el eficaz contraste entre las texturas
controladas de mellotron, oboe y retazos de guitarra con los efluvios
más libres y tensos de corneta que entran a contrapelo de
los explosivos riffs minimalistas de FRIPP. Con One
more red nightmare la banda construye una combinación
atractiva de rocknroll y jazz con ocasionales toques
de RnB, ayudando a levantar el espíritu tras
un tema tan desgarrador como Fallen angel: la
presencia del saxo sirve para acentuar el calor durante los pasajes
instrumentales. Providence es básicamente
un jam que sirve como testamento formal de David CROSS. Tomado
de un concierto, el jam comienza con un violín flotante,
que poco después deja campo para que la guitarra de FRIPP
asuma el protagonismo: finalmente, violín y guitarra confluyen
en los últimos minutos – todo este tiempo, la sección
rítmica se porta fenomenalmente, añadiendo aportes
adecuados para los climas que se van evocando sucesivamente a través
de las intervenciones de los dos solistas. Lo mejor de lo mejor
queda reservado para la última pieza (en mi humilde opinión,
el mejor tema que KC haya creado jamás): Starless
es en sí misma una gema progresiva absoluta. El tema comienza
como todo lento típicamente crimsoniano, con un mellotron
que dirige el sendero melódico desplegando capas etéreas
y un tempo lento manejado con distinción y precisión.
La guitarra establece ocasionales contrapuntos frente la mellotron,
mientras que el saxo soprano complementa majestuosamente las impactantes
líneas vocales de WETTON. Ninguna otra melodía
podía encajar mejor dentro del ambiente espiritual exhibido
en la letra, la misma que retrata el contraste entre los fulgores
últimos del atardecer y la oscuridad inescrutable del yo
interior. Tras concluir esta sección, viene a continuación
el solo minimalista de guitarra más famoso de la historia
del progresivo: el cuadro unicolor que pinta FRIPP es enriquecido
por las elegantemente perversas líneas de bajo marcadas por
WETTON y los creativos matices percusivos a cargo de BRUFORD.
La parte final de este alucinado interludio se engarza muy bien
con el clímax parcial que se crea con el jam ultra-pesado,
en el cual el saxo y la guitarra alternan sus solos. Finalmente,
el motivo inicial es retomado en el espléndido clímax
final. Solo una canción tan cautivante y perturbadora como
Starless podía cerrar con broche de oro
un disco tan estupendo como "Red".
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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