
Segundo ítem de la trilogía pastoral de JETHRO TULL, "Heavy Horses" continúa en cierto modo con los coloridos célticos, pero esta vez con un formato más centrado en sonoridades acústicas: la guitarra acústica, la mandolina e incluso el violín (tanto el solista a cargo del invitado de lujo Darryl WAY como la amalgama de muchos en una orquesta) ocupan un lugar predominante, en buena parte facilitado por la remisión de los sintetizadores, los cuales habían sido notorios en la obra precedente "Songs from the Wood". De hecho, noto en el repertorio de este disco mucho de la vena cantautora que Ian ANDERSON gestó en el peculiar "Minstrel in the Gallery", pero como señalé antes, el candor propio del folklore rural llena con suficiente colorido el material de este disco como para escapar de la vibración introspectiva que imperaba en "Minstrel". Con un David PALMER afianzado como una fuerza creativa crucial dentro del ensamble, él pasa a convertirse en un genuino lugarteniente, con lo cual queda también un poco relegado el rol de la guitarra eléctrica de Martin BARRE. También es de notar el rol disminuido de los teclados de parte de John EVAN, pero esto viene a contrapelo de un mayor destaque de la batería (y otros implementos percusivos) a cargo del siempre eficaz y preciso Barriemore BARLOW. En general, "Heavy Horses" resulta un poco menos enérgico pero igualmente bucólico que "Songs from the Wood".
Con las dos primeras piezas tenemos claros ejemplos de esa vena picaresca que opera de manera esencial en la idiosincrasia rural céltica: ritmos pegadizos, melodías juguetonas, jovialidad sarcástica. Más adelante, ‘Rover’ emerge con un motivo especialmente notable, dentro de esta línea de trabajo y con una dosis extra de tonalidades de raigambre renacentista; la cosa se repetirá en el tema de cierre. Más enmarcados en ambientes entrañables están ‘Moths’ y ‘One brown mouse’. Con ‘Journeyman’ el grupo se aventura a desarrollar el colorido céltico sobre un compás funky, como para emular la cadencia metálica de un tren en marcha, uno de tantos trenes en los que siempre se desplaza el vendedor viajante del título.
Las piezas más extensas son también las más ambiciosas en cuanto a estructura. ‘No lullaby’, un tema potente que sirvió de apertura para la gira de apoyo de este disco, combina la vibración del blues-rock con la intrepidez aguerrida del rock duro en una amalgama auténticamente progresiva: el psicodélico motivo introductorio de guitarra y el modo tan consistente en que BARRE y BARLOW articulan el desarrollo de las secciones potentes son elementos coherentemente ajustados a los arquetipos tullianos en su faceta más netamente rockera. El otro tema largo es el homónimo, el cual dura poco menos de 9 minutos. ‘Heavy horses’ es una de mis canciones favoritas de toda la historia de JETHRO TULL. Los motivos son hermosos, relajantes y evocativos, sazonados convenientemente por sólidos arreglos de cuerdas, realzados por la guitarra eléctrica en varios pasajes, cuando no por refinados arpegios de piano en la primera mudanza o alegres retazos de violín en un jovial interludio, para luego pasar a un esquema más patentemente majestuoso a medida que nos acercamos al final. A pesar de que me he esmerado por destacar estas dos canciones específicas, el hecho es que el disco es bastante uniforme en su concepto musical, resultando un trabajo bastante compacto y coherente – resumiendo, "Heavy Horses" es una de las obras máximas de JETHRO TULL.
–César Inca MENDOZA, para Manticornio.
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