
"A" marca el inicio de la etapa 'post-clásica'
de JETHRO TULL: esto
es, sin la presencia de EVANS, PALMER
ni BARLOW. De hecho, este disco comenzó como un proyecto
solista de Ian
ANDERSON, quien quería salirse de las pautas del
JETHRO 'clásico', pero el sello Chrysalis movió
sus fichas para que el resultado final constara como un nuevo disco
de JT. En fin, la entrada de Matthew PEGG (bajista
que inicia aquí un largo periodo de membresía en la
banda), el baterista Mark CRANEY (joven veterano en el terreno
del jazz-rock norteamericano), y sobre todo, Eddie
JOBSON (otro joven veterano que ya gozaba de excelente reputación
en los círculos progresivos británicos de la segunda
mitad de los 70s), resultó bastante productiva. Más
aun, en mi opinión personal, creo que una de las virtudes
nucleares de "A" está en que presenta una energía
y una renovación que se sentían parcialmente perdidas
en el disco "Stormwatch". La nueva sección rítmica
juega un rol muy importante, ayudando al grupo, como un todo, a
transmitir su renovado entusiasmo de una manera bien afiatada. Tanto
la imagen escénica de las artes gráficas del disco
como la fuerte presencia de teclados digitales y vocoders en la
instrumentación evocan la idea general de "A" -
una mirada hacia la modernidad desde el seno propio de las grandes
urbes [a diferencia de "Heavy Horses" y "Stormwatch",
que la miraban desde fuera]. Los peligros inherentes a la Guerra
Fría, la profusión de implementos tecnológicos-electrónicos
en nuestras vidas, el stress que afecta tanto a los empresarios
de alto vuelo como a los proletarios, los modismos esnobistas de
los 'yuppies' - todas estas fracciones del paisaje urbano average
quedan aludidos una o varias veces a lo largo del disco.
La cadencia funky que impera en la sección rítmica
de 'Crossfire' y los absorbentes efluvios sintetizados que
arman la base recurrente de 'No batteries included' son síntomas
de una absorción de parte de ANDERSON de las nuevas
olas poperas de la escena musical inglesa de fines de los 70s; siendo
así que JOBSON veía también con buen
agrado estas influencias, no es de extrañar tampoco que lo
pop deje también obvias huellas en composiciones más
complejas como son las contenidas en 'Protect and survive'
y el bluesero '4 W.D.'. Pero, con todo, bien es verdad que
éste no es un disco pop per se ni mucho menos: la savia progresiva
sigue siendo el líquido vital que fluye por el sistema circulatorio
de JT, funcionando como una estrategia central a la hora
de incorporar la inspiración de lo nuevo e integrarlo en
un sonido que aun mantenga un sólido parentesco con la esencia
prototípica del grupo. El síntoma más sólido
de ello está encarnado en 'Black Sunday', un excelente
tema digno de los momentos más fastuosos de la historia del
grupo: las cortinas de teclado muy a lo UK
se engarzan muy bien con la cadencia puramente tulliana destilada
a través de sus motivos y arreglos. Otro tema destacado desde
la perspectiva progresiva es 'Fylingdale flyer' - a la sazón,
el single -, el cual me recuerda bastante a los momentos más
complejos del disco "Songs from the wood". JOBSON
aporta sus efectivas habilidades en el violín eléctrico
para incluir aires exóticos a 'Uniform' y, poco después,
realzar el sabor céltico del vibrante instrumental 'The
pine marten's jig' - con respecto a este último, es genial
cómo la mandolina puede hacerse notar de forma natural en
medio de los diálogos y duelos que mantienen la flauta y
el violín de principio a fin. En fin, 'And further on',
cierra el disco con un aire muy poco optimista, dado que se trata
de una elegía en homenaje a las víctimas de un ataque
nuclear. Recordemos que desde los años 50 hasta la primera
mitad de los 80s, la preocupación ciudadana por los eventuales
avatares de la Guerra Fría fue in crescendo,
hasta convertirse en un tema de alarma recurrente en los medios
de prensa y foros intelectuales; 'And further on' es un testimonio
de esta sensación generalizada en el inconsciente colectivo
occidental. Las densas cortinas de sintetizador que flotan como
nubes grises y el lamentoso solo de guitarra de BARRE durante
el interludio (una de sus mejores intervenciones en este disco)
ayudan a completar exitosamente el retrato de la vulnerabilidad
de la raza humana ante su propia invención armamentística
que se vierte en las líricas de ANDERSON.
En conclusión, "A" es un reflejo de la inteligencia
que ejerció JETHRO TULL a la hora de modernizarse
sin perderse a sí mismo; aunque no se trata de algo tan estupendo
como sus mejores obras setenteras, lo considero fundamental para
entender y asimilar el legado musical del grupo con un mayor conocimiento
de causa.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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