
IQ grabó y editó su segundo
LP a mediados del año 1985, justo al unísono que el "Misplaced
Childhood" de MARILLION.
Si bien quedó opacado comercialmente por éste, "The
Wake" es un álbum que cuenta con indudables méritos
artísticos propios, y en perspectiva, ha quedado en la posteridad
como una de las obras cumbre del progresivo moderno (o "neo-prog",
como muchos prefieren denominarlo). Para entonces, IQ todavía
estaba conformado por su primera formación (Peter NICHOLLS
en voz, Martin ORFORD en teclados y coros, Mike HOLMES en
guitarras, Tim ESAU en bajo, y Paul COOK en batería
y percusiones): poco después de la edición de este disco,
NICHOLLS dejaría la banda en una ausencia que solo
duraría cinco años, por lo que "The Wake"
sirve también como documento testamentario de una fase particular
de la banda.
El LP de por sí es un concept-disc en torno a las circunstancias
emocionales que abruman al alma de un hombre recién fallecido.
La secuencia temática es la siguiente: el protagonista fallece
(Outer Limits); su alma observa el recuento de su vida terrenal con un
sentimiento de frustración y remordimientos (The Wake); de repente,
mira frente a sí y se encuentra con un raro espectáculo
de luces, que ilumina el limbo (The Magic Roundabout); sin decidirse a
pasar al más allá de forma definitiva, el alma perdida decide
recorrer los recovecos del limbo (Corners); mientras tanto, ciertos recuerdos
aun lo atan a las cosas que conocía del mundo físico, especialmente
su relación con su esposa (Widows Peak); de repente, como un chispazo
de inspiración, el alma comprende que todo es como debe ser (The
Thousand Days); por último, aceptando su destino, da el paso decisivo
al más allá (Headlong).
Estilísticamente hablando, se trata de un álbum que destila
un aura bastante sombría y misteriosa, lo cual es congruente con
su tema funerario. El tratamiento áspero de muchas partes de guitarra,
los fondos y texturas cinematográficas de teclado, y la misma producción
de sonido, todos estos elementos están calculados para crear esta
densidad emocional, capitalizada además por el canto teatralizado
de NICHOLLS, quien explota muy bien su peculiar registro vocal.
Además, la secuencia de las canciones está bien armada,
sin llegar al punto de repetir ciertos motivos musicales recurrentes.
Dentro del repertorio destacan las cuatro mini-suites. La primera es 'Outer
Limits', que comienza con una secuencia de bombo y bajo para sostener
la introducción, hasta explotar de forma bombástica, con
bastantes cambios de ritmo manejados de forma trepidante, y un clímax
final emocionalmente intenso. 'The Magic Roundabout', tras una
frenética y breve introducción (aparentemente inspirada
en 'Alaska' de UK, una
de las bandas favoritas de ORFORD) en la cual predomina el compás
de 7 8, toma un sendero más reposado,
en clave de semi-balada sinfónica. 'Widow’s Peak'
es aun hoy en día uno de los temas más pedidos por los fans
en los conciertos de IQ, y es mi tema favorito del disco: en sus
9 minutos y medio de duración exhibe una amplia variedad de líneas
melódicas, ambientes y secuencias rítmicas. La cuarta mini-suite
es el tema que cierra el LP, 'Headlong', que también ofrece
su buena cuota de cambios de ritmo y ambiente: el final de corte céltico
resulta especialmente atractivo. En medio de tantas canciones de alto
vuelo, también brillan las más breves: por ejemplo, 'The
Wake', con su tonada llena de gancho, nos ofrece uno de los momentos
más metálicos de la historia de IQ. Por su parte,
'Corners' combina texturas exóticas y secuencias programadas
(como el Peter GABRIEL
del 81-84), mientras que 'The Thousand Days' es un tema pegadizo
tipo THE CURE que no cae nunca en la trivialidad: ambos temas sirven
de oportunos alivios momentáneos para el oyente, en medio de la
oscura borrasca emocional que envuelve al disco. La edición en
CD incluye como bonus track el tema 'Dans le Parc du Chateau Noir',
que a pesar de no ser parte del concepto del disco, queda muy bien con
el repertorio debido a su clima ciertamente tétrico.
En resumen, una joya definitiva del progresivo ochentero, cuya apreciación
nos permitirá entender mejor el rol que IQ tuvo en la revitalización
del género progresivo a inicios de su carrera.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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