
El segundo disco de IMÁN CALIFATO INDEPENDIENTE muestra una superación estilística y compositiva respecto al primero (un gran disco con sus propios méritos, sin duda), al menos desde la perspectiva de quienes sienten preferencia por el realce de estilización en el sonido, la mayor dosis de riesgo en los arreglos de las ideas melódicas y el desarrollo más concienzudo de las mismas. "Camino del Águila" muestra a un grupo encaminado por un sendero más estilizado, eso se hace patente desde el primer segundo, prácticamente. Es fácil de imaginar que los nuevos aires que entraron en la banda vinieron de la mano del bajista uruguayo Urbano MORAES (quien reemplazó al original Iñaki EGAÑA) influyeron constructivamente en el modus operandi de los tres músicos permanentes, Manuel RODRÍGUEZ (guitarras), Marcos MONTERO (teclados) y Kiko GUERRERO (batería y percusión): el nuevo bajista se preocupa de manera muy especial por desplegar la potencialidad melódica de su instrumento, lo que ayuda crucialmente al conjunto en su creación de armonías y ricas atmósferas musicales.
El instrumental inicial ‘La marcha de los enanitos’, que comienza y termina con una dulce línea melódica – muy a lo CAMEL -, incorpora en el extenso intermedio ciertos toques inequívocamente frippianos en la guitarra eléctrica así como abundantes ambientes etéreos de sintetizador, todo ello sobre una base de inspiración arábiga que ostenta sin excesos su inherente exotismo. ¡Qué comienzo tan fabuloso para este disco! El siguiente tema, también instrumental, titulado ‘Maluquinha’, incorpora una mayor dosis de latin-jazz en su sección rítmica, lo cual da pie a que el guitarrista despliegue un solo inspirado en la onda de SANTANA y que el teclista transmita en su piano eléctrico varios toques parecidos a la bosanova, con el filtro indirecto de un CHICK COREA: un tema definitivamente alegre, muy afín a lo hecho en algunas ocasiones por los catalanes de ICEBERG. El tercer y último instrumental, que da título al disco y que se extiende hasta los 14 minutos de duración, sigue más bien por la línea del primer tema, aunque incrementando la dosis de fulgor progresivo a través de las bien integradas ideas musicales que se van sucediendo: es aquí donde IMÁN se hermana un poco con sus paisanos de CAI. Los paisajes sonoros etéreos y crimsonianos también se hacen presentes aquí, alternándose con motivos arábigos-aflamencados que impregnan el tema brindando un aura de distinción y elegancia. MONTERO se luce manera especial aquí, aunque para nada debemos desestimar el breve interludio solitario de guitarra que RODRÍGUEZ vierte entre los minutos 7 y 8 (algunos guiños a lo que hace Steve HOWE en su interludio de ‘Sound chaser’). Lo que sigue después, hasta el minuto 12, es un clímax sostenido en el cual el grupo se revuelve creativamente sobre motivos anteriores – los últimos dos minutos establecen una coda espacial, onírica, apoyada sobre ambientes etéreos de sintetizadores. Por último, el único tema cantado, la tierna y melancólica balada acústica titulada ‘Niños’ sirve como un relajante final para un disco que no había bajado su intensidad por un segundo; con esta balada la magia se hace intimista y reflexiva, como la brisa nocturna que sopla suavemente sobre nosotros mientras nos vamos adormilando de a pocos.
En definitiva, "Camino de Águila" es una joya progresiva española bastante recomendable para los coleccionistas e investigadores del género: lástima que sirvió como “canto de cisne” para este grupo, que se desintegró poco después de su edición, en medio de elogios de buena parte de la crítica musical de su península natal.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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