
Un año después de lanzar al mercado su homónimo
disco debut, HAPPY THE MAN volvió
a gestar otra obra maestra del prog norteamericano con su siguiente
trabajo, "Crafty Hands". El cambio de baterista (antes era Mick
BECK, ahora es Ron RIDDLE, pero solo para la grabación
del disco, pues nunca se dio la oportunidad de que tocara en vivo
con la banda) permitió al grupo robustecer su ensamblaje
sonoro merced a la presencia de una base rítmica más
notablemente sólida: pero esto no quiere decir que el aire
predominantemente jazzero y la exquisita complejidad estilística
de HTM hayan experimentado un desmedro, ni mucho menos, sino
que más bien esta línea de trabajo se halla sostenida
sobre un fundamento más propiamente demarcado. Las herencias
respectivas de CAMEL y
GENESIS de la
era 76-77 (por lo melódico), GENTLE
GIANT (por el inteligente manejo de contrapuntos y delicados
quiebres disonantes), RETURN TO FOREVER, NATIONAL
HEALTH y la faceta más ambiciosa de CARAVAN
(por la cadencia jazzera) son evidentes, pero lejos de limitarse
a imitar a sus referentes, logran utilizar esas herencias como semillas
para la cosecha de su propio sonido.
Como siempre, Kit
WATKINS es el músico más destacado del quinteto,
quien con la inspiración siempre despierta se luce tanto
en los solos de sintetizador como en las cortinas y orquestaciones
de teclado (todo un ejemplo de sensibilidad, pulcritud técnica
y creatividad evocativa), pero también son dignas de mención
las precisas y enérgicas intervenciones de Stanley WHITAKER
(guitarras) y Frank WYATT (vientos, y en ocasiones, pianos
de base), así como las bien definidas líneas de bajo
ejecutadas por Rick KENNELL. La estrategia general del grupo
a la hora de arreglar y concretizar las ideas musicales vertidas
en las composiciones es la de mantener una línea refinada,
interactuar ingeniosamente, hacer solos bien armados que nunca lleguen
a extensiones excesivas ni resulten demasiado abrumadoras, siempre
haciendo que la protagonista sea la idea melódica central,
y no tanto el solista de turno. La complejidad del material es mayor
de lo que en unas primeras escuchas parece ser – y eso que
la complejidad es evidente de por sí...
Este disco en cuestión abre con 'Service with a smile',
una pieza en 11/8, con un enorme gancho que atrapa sin más
la atención del oyente (qué pena que dure menos de
3 minutos). Después sigue un hermoso tema de autoría
de WATKINS, 'Morning sun', que irradia pura melancolía
contemplativa, a ratos incluso onírica, como un ensueño
musical; el tema de cierre 'The moon, I sing' también
fue compuesto por él, reiterando esa misma melancolía
al modo de un paseo lento a través de una solitaria bahía,
mientras los pensamientos del caminante flotan por su cuenta bajo
la última luz del atardecer. Pero por otro lado, los pasajes
más intensamente intrincados se hallan en 'Ibby it is'
y 'Steaming pipes', dos temas donde HTM típicamente
exhiben su herencia del Canterbury con una sazón adicional
a lo GG: dos piezas entretenidas por su aura entusiasta,
e impactantes por sus impresionantes recovecos. Pero mi tema favorito
no es ninguno de los anteriormente mencionados, sino 'Open door'
(autoría de WYATT), una mágica combinación
de sinfonismo etéreo impregnado de rocío jazzero y
ambientes renacentistas, inicialmente marcados por el clavicordio
y la flauta dulce, y luego reciclados por unos sintetizadores celestiales
– ¡una gema!, ¡una gema cuya majestuosa luminosidad
no puede ser descrita por expresión humana alguna! Anteriormente
a 'Open door', 'Wind up, doll day wind' aparece como
lo más rockero que ha hecho jamás HTM dentro de sus
propios cánones progresivos, en un compás lánguido
pero poderoso, y el juguetón 'I forgot to push', que
sirve como una oportuna antesala "frívola" precedente a la
irresistible melancolía vertida en el número final.
En resumen, "Crafty Hands" es una muestra de pura excelencia dentro
de la tradición progresiva estadounidense, y más que
eso, dentro del género a través de toda su historia
y a lo largo de todos los países donde se practicó
y se sigue practicando. HTM conserva intactas las mismas
virtudes que supieron destilar en su disco debut (otra joya excelsa),
asumiendo aquí una actitud más sólida: no me
cabe duda que éste es un disco infaltable dentro de cualquier
buena colección progresiva.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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