
"Voyage of the Acolyte", un disco basado en algunos elementos del Tarot, es uno de los íconos indiscutibles de la tradición rockera progresiva, y ciertamente logró en su tiempo llamar la suficiente atención de críticos musicales y fans (especialmente de GENESIS) como para levantar la confianza de su mismo gestor Steve HACKETT en sus propios méritos creativos. La presencia de algunos motivos compartidos por algunas piezas del repertorio ayuda a cimentar su unidad. Este disco es una muestra perfecta de dos cosas: el modo en que el sonido GENESIS influyó en la maduración de la visión musical de HACKETT y la capacidad del susodicho maestro para reciclar hábil y sensiblemente diversas fuentes sonoras dentro de una unidad íntegra netamente progresiva. Y si se quiere sacar a colación un ejemplo patente, allí tenemos al excelente y excitante tema de apertura, el clásico ‘Ace of wands’. Exhibiendo muchas de las marcas del GENESIS más juguetón del "Selling England by the Pound", HACKETT le insufla unos aires de corte fusión al asunto de tal modo que resulta algo novedoso en medio del patrón específico. También es verdad que el rol determinante que tiene la dupla rítmica de Mick RUTHERFORD y Phil COLLINS en el álbum ayuda a asegurar una prestancia al patrón. ‘Star of Sirius’, otro clásico indiscutible de este disco, tiene una esencia muy semejante a la del tema inicial, aunque contiene una dosis un poco mayor de polenta y majestuosidad. Claro está, el maestro aprovecha estas ocasiones para dar rienda suelta a sus propias destrezas, aunque siempre manteniendo un equilibrio entre lo pirotécnico y lo texturial en defensa de la férrea base melódica de las composiciones.
En medio de las dos piezas mencionadas, HACKETT explora sus dos extremos: el acústico y el psicodélico. Los dos ‘Hands of the priestess’ y ‘The hermit’ muestran sendas arquitecturas delicadas de guitarras acústicas cuyas alusiones son completadas por flautas y oboes, mientras que el mellotron o el armonio flota como una tenue niebla de misterioso romanticismo. La marca de sonoridades renacentistas y el espíritu bucólico anticipan lo que pocos años después se revelaría en los discos de Anthony PHILLIPS. En abierto contraste, ‘A tower struck down’ exhibe climas marciales opresivos y extravagantes, aunque con un aspecto bastante medido en medio de todo: el tono amenazante de esta pieza reposa en los riffs, la vibración machacante de la sección rítmica ampliada con la intervención de los pedales bajos, y se hace extravagante con los inesperados adornos que salen a relucir en ciertos momentos (retazos disonantes de guitarra y sintetizador, masas recalcitrantes, explosiones, ¡tosidos y movimiento de sillas!).
Los dos últimos temas casi conforman una unidad. ‘The lovers’ es una breve pieza de guitarra clásica en la que se combinan, en clave lánguida, minúsculas secciones de ‘Star of Sirius’ y ‘Shadow of the hierophant’, concluida con un efecto de teclado en reversa que formaba parte de los ornamentos de ‘Ace of wands’. Y bueno, ‘Shadow of the hierophant’ cierra el disco con una intensa mezcla de pomposa majestuosidad, penetrante elegancia y densidad irreal. Contando con la intervención vocal de Sally OLFIELD, la pieza se pasea por mágicas amalgamas de mellotron y guitarra, pasajes bucólicos, un cristalino solo de guitarra, y por último, una extensa coda basada en una secuencia armónica recurrente y un compás de tres cuartos (idea original de RUTHERFORD, en realidad). En esta sección final, las capas de guitarra, las cortinas de mellotrones y los golpes de los pedales bajos se conjugan en un apoteósico matrimonio que rinde homenaje a la textura. Con un cierre tan peculiarmente magnífico como éste nos da la sensación de que “Voyage of the Acolyte” termina como debe, con un brillo excelso, un broche de oro coherente para una soberbia obra maestra progresiva.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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