
GUADALQUIVIR surgió
de la unión de fuerzas proyectada por la dupla de guitarristas
Andrés OLAEGUI y Luis COBO, apodado "MANGLIS".
Compartiendo sus inquietudes musicales confluyentes en la fusión
del calor del jazz rock con el candor especial y peculiar del flamenco,
encontraron en Jaime CASADO y Larry MARTIN una efectiva
dupla rítmica capaz de brindar un cimiento eficaz para el
repertorio, mientras que el vientista Pedro ONTIVEROS le
da un aire mágico y evocativo a sus líneas de saxo
soprano y flauta, combinando el exotismo de lo arábigo y
la exquisitez del jazz más refinado. La influencia de RETURN
TO FOREVER y el WEATHER REPORT post-1974 definitivamente
deja una huella esencial en el sonido global de GUADALQUIVIR,
pero su sello más fundamental reside en la manera tan fluida
e imaginativa que tienen de incorporar la esencia del flamenco en
su repertorio y llevarlo a una dimensión distinta a la de
la tradición folklórica. Las florituras alternadas
de ambos guitarristas y el vientista dan muestra de sus virtuosismos
individuales, pero sin llegar a apabullar al oyente con lucimientos
infinitos: más bien, se da prioridad al lucimiento de la
melodía misma; también debemos advertir que hay pasajes
que suenan bastante enérgicos, pero es justo decir que incluso
en lo que se refiere a la manifestación de energía
sonora, la gente de GUADALQUIVIR sabe también mantener
un nivel ajeno al exceso.
Todos los temas de este disco guardan un nivel bastante parejo,
por lo que es difícil escoger uno que destaque individualmente:
de hecho, este disco se disfruta mejor y más convenientemente
en su integridad, aunque debo admitir que Generalife
y La danza de los tigres son dos de mis favoritos
absolutos, no solo de este disco, sino también de toda la
carrera de GUADALQUIVIR. El tema que se titula igual que
el disco y el grupo inaugura el repertorio con una cierta solemnidad,
cuyo contrapunto inmediato es expuesto por la vibración frontal
de Baila Gitana, una pieza clásica del
grupo. Cartagena se enfila por un sendero musical
más etéreo, como flotando en el aire, para lo cual
ayuda mucho la presencia de un ensamble de cuerdas que provee colores
casi "cósmicos" al paisaje: la aparición
de algunos breves momentos de tono épico son como aves que
cruzan raudamente el cielo, quebrando por unos instantes la serenidad
general del paisaje. Generalife, por su parte,
destila un exultante ambiente rumbero, portando una línea
melódica irresistible que se sostiene sobre un entusiasta
bloque rítmico ocasionalmente complementado por invitados
a las palmas – un tema realmente impresionante y atractivo,
donde ONTIVEROS exhibe un particular lucimiento en la flauta.
Con El Manglis (tema compuesto por OLAEGUI en
homenaje directo para con su colega de grupo) se perpetúa
el tenor rumbero, con un compás más frenético,
cuya inherente sensualidad viene oportunamente acentuada por la
adición de congas en la sección percusiva: mención
especial para el efectivo solo de bajo insertado en la mitad. Con
un breve jaleo de guitarra española y palmas se inicia la
siguiente pieza, Dominga, en la cual el grupo
mantiene su entusiasmo rumbero de costumbre, aunque creo notar que
aquí opera un juego rítmico un poco más potente.
El derroche de imaginación musical sigue en alza con el fastuoso
tema que cierra el álbum, titulado La danza de los
tigres. Este tema contiene una gran dosis de frescura,
producto de la inclusión de intensos sabores de latin jazz
y bossanova, los mismos que ayudan a realzar el carácter
exótico de la faceta más celebratoria del flamenco.
En suma, el disco debut de GUADALQUIVIR es una obra sumamente
hermosa y evocativa, en la que los músicos dominan las efectivas
melodías e intrincados ritmos con una solvencia absoluta:
un ítem totalmente recomendable para cualquier buena colección
de jazz y/o rock progresivo.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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