
Con su segundo disco, GUADALQUIVIR
mantiene la línea que ya había quedado claramente
definida en su disco debut. El nivel de complementación entre
todos los miembros del quinteto también sigue igual de fluido.
Pero, por otra parte, cabe anotar algunas diferencias de matices
existentes en "Camino del Concierto" con respecto al disco
anterior. Para empezar, el nuevo repertorio exhibe un mayor colorido
sonoro, lo cual en buena parte se debe a la presencia de invitados
ocasionales como, por ejemplo, el ilustre teclista Josep MAS
de ICEBERG,
quien se luce soleando con un sintetizador en un par de temas, además
de otros colaboradores en percusiones y ensamble de bronces; simultáneamente,
esto significa que la ligera aspereza que se dejaba entrever de
vez en cuando en el disco debut ya prácticamente ha desparecido
por completo, con lo cual se realza el factor de fineza. También
la producción de sonido es más pulcra, permitiendo
que los elementos individuales se haga notar más nítidamente
dentro del bloque instrumental. Por último, este incremento
de la estilización viene acompañado de un ligero aminoramiento
de la complejidad: las composiciones tienden a ser un poco menos
exigentes en lo que se refiere al armado de los compases y la elaboración
de motivos melódicos. Es por ello que este disco de GUADALQUIVIR
me satisface menos que el de su debut, pero sin duda se trata también
de una excelente obra de fusión de jazz con flamenco.
El tema homónimo que abre el disco ofrece un tono amable,
con una melancolía dulce y agradable: las partes de guitarra
acústica (solo incluido) ayudan a reflejar esa melancolía
amable. Las cosas se ponen más festivas en la pegadiza pieza
Ostalinda, donde los diálogos entre la
flauta y las guitarras y la bien afiatada sección rítmica
se funden en una unidad sonora compacta y efectiva. Marcando un
notable contraste, emerge Flor de almendro, un
exquisito trío armado por dos guitarras acústicas
y una flauta que arma un paisaje sereno e intimista, que parece
diseñado para crear un hábitat de relajamiento en
los rincones más profundos del corazón: la belleza
de esta pieza no tan larga (solo dura 3 minutos) es paralela a la
delicada sutileza invertida en su ejecución. Con Esclavos
de la belleza volvemos a la exuberancia prototípica
del disco debut, con variaciones de ambientes y motivos manejadas
con cohesión. Lo mismo habremos de encontrar en el espectacular
tema de cierre Noche de verbena: pero, a diferencia
de Esclavos de la belleza, no encontramos un
sobrio ejercicio de densidad, sino una explosión de alegría
rumbera imponentemente sazonado de sabores latin-jazz. Menos ambiciosos
pero igualmente efectivos son Cartuja y 121
hormigas, que destilan un entusiasmo frontal, sin tapujos:
por su parte, El vuelo de una lágrima
ofrece un tenor más lánguido, abriendo una vía
hacia los parajes de la introspección – mención
especial para el flotante solo de guitarra que se inicia en el minuto
y medio.
En resumen, "Camino del Concierto" es un álbum
que brilla con el esplendor propio del exotismo flamenco: aunque
tal como señalé anteriormente, no llega a igualar
el índice de creatividad artística de su disco debut,
es una pieza muy recomendable para los amantes del jazz fusión
elegante y bien ejecutado.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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