
Éste es mi disco favorito de GREENSLADE. Siendo su segundo disco, "Bedside Manners are Extra" logra pulir con un sentido más desarrollado de la pulcritud las excelentes cualidades progresivas del disco debut, no solo mostrando a un ensamble más sólido y afiatado, sino también incorporando un mayor espectro de sonoridades con la incorporación del sintetizador y un aumento de la presencia de los mellotrones a lo largo y ancho del repertorio. Este segundo factor permite que las interacciones constantes entre Dave GREENSLADE y Dave LAWSON asuman una dosis mayor de riqueza y fuerza en comparación con el disco debut. Pero hay otros elementos que se mantiene igual, como es la voz de LAWSON, tan áspera y expresiva como siempre, así como el despliegue de energía y precisión de parte de la dupla rítmica de McCULLOUGH y REEVES.
El tema que abre y da título al disco comienza con los mismos acordes de piano de cola que habían definido el final del último tema del disco debut. ‘Bedside manners are extra’ es una balada que, tras su aura reflexiva establecida formalmente por los juegos de mellotron y sintetizador, esconde una actitud irónica. Se trata de una apertura atractiva, aunque a todas luces no espectacular. Eso sí, lo que sigue después hasta el final sí califica como tal. ‘Pilgrim’s progress’ es uno de los instrumentales más emblemáticos y efectivos de la discografía del grupo: el órgano marca los motivos principales tras la introducción de doble mellotron, mientras que el sintetizador y el piano eléctrico RMI se van sucediendo en los solos. Los diversos ambientes están bien interconectados en una fluidez impoluta, siendo así que los teclados se mueven a través de la complejidad sin excederse en lo obtuso, siempre manteniendo un enfoque claramente definido en torno a las melodías. La sección rítmica se porta a las mil maravillas como sostén de la instrumentación global. Se trata, EMHO, de la pieza más notable del disco, pero no hay que desestimar de ninguna manera a los otros dos instrumentales. ‘Drum folk’ mantiene un acento épico muy acorde con sus casi 9 minutos de duración. Comienza con cortinas espaciales de teclado sobre los cuales caen golpes de tímpanos. El motivo central emerge en una cadencia progresiva jaezada, bien manejada al unísono por el órgano y el piano eléctrico. Hay también dos solos de batería, en medio de los cuales surge un mágico interludio rebosante de penetrante languidez introspectiva, a medio camino entre PINK FLOYD y PROCOL HARUM, pero fiel a la esencia de GREENSLADE. Los acordes de mellotron de flauta (esplendorosamente hermosos) y órgano sirven como trasfondo para un emotivo solo de piano RMI. Con una breve retoma del motivo central se culmina este tema, el cual posee una gran envergadura musical a pesar de no tener un nivel de cohesión tan logrado como ‘Pilgrim’s progress’ o ‘Chalkhill’. Este último es el instrumental que cierra el disco – compuesto por REEVES y LAWSON, mantiene una estructura similar a la de ‘Pilgrim’s progress’ aunque con una intensidad menos patente.
Los otros dos temas cantados también resultan poderosos. ‘Time to dream’ y ‘Sunkissed you’re not’ son canciones que tienen tanto gancho como complejidad de vena progresiva. La primera está repleta de vibraciones de corte blues-rock mientras que la segunda se encuadra en una onda jazzera: el talante ingenioso vertido en los arreglos y el espacio generoso que se da a los solos demuestran que el cuarteto sabe manejar con naturalidad y buen oficio el material compositivo que tiene entre manos. Con todo esto, solo me queda concluir que "Bedside Manners are Extra" es un ítem sumamente valioso dentro de la tradición prog sinfónica británica.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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