
"In A Glass House" significa un punto de quiebre en la carrera de GENTLE
GIANT. El baterista John WEATHERS, incorporado desde finales
de la gira para su tercer disco "Three Friends" está más
que afianzado en su posición, permitiendo robustecer la dimensión
rítmica del repertorio de la banda. Esto sin duda sirvió
como un punto positivo frente a la contrariedad que significó la
partida de parte de uno de los hermanos SHULMAN, Philip,
para retomar su trabajo de profesor escolar. Como quinteto, la carrera
de GENTLE GIANT empezaría su discreto camino hacia lo más
cercano al éxito donde pudieron llegar, al menos por un cierto
momento. Este su quinto disco inicia una exploración decidida en
la faceta más rockera del grupo, sin perder un ápice de
su fineza composicional ni de su lucidez experimental. Aquí parece
respirarse un ambiente más sombrío que en sus dos anteriores
trabajos "Three Friends" y "Octopus", en los cuales latía mayormente
un espíritu más alegre, por así decirlo lo
cual tal vez se haya debido al estupor por la partida de Philip:
en varios momentos, su densidad emocional me recuerda bastante a la de
su excelso segundo disco "Acquiring The Taste". No nos olvidemos de señalar
que se trata de un disco conceptual, que gira en torno al refrán
popular sajón "no tires piedras a tu propia casa si es que está
hecha de cristal" incluso para la gira correspondiente, se recurrió
a un vistoso (y costoso, según recuerda el mismo WEATHERS)
juego de luces y slides para complementar visualmente el concepto del
disco. La edición en vinilo contenía tres temas por lado.
La primera canción es The Runaway, que se inicia con una
intrincada secuencia de cristales rompiéndose que se sincroniza
con los primeros compases del tema propiamente dicho: uno de sus puntos
más altos está en el solo de xilófono a cargo de
Kerry MINNEAR, así como en el modo en que el trío
de guitarra/bajo/batería mantiene constantemente una sincronía
precisa y contundente. Finalizando los ecos de los últimos golpes
de Runaway, comienza An Inmate"s Lullaby, un canto lánguido
y misterioso apoyado sobre una base percusiva de vibráfono, xilófono,
glockenspiel y tímpanos, que evoca adecuadamente la soledad y confusión
propias de un huésped de un manicomio. La cosa da un giro de 180º
con Way Of Life, uno de los temas más enérgicos y
frenéticos de toda la carrera de GENTLE GIANT. Desde el
grito de inicio (Go!) la guitarra inicia un riff juguetón y al
poco rato Derek SHULMAN descarga su potencia vocal, modulando su
voz según va siguiendo la intrincada línea melódica.
La sección intermedia consiste en una hermosa pieza de corte renacentista,
tocada en órgano de fuelles, violín y flautas dulces, con
el suave canto de MINNEAR. La sección final consiste en
un repetido par de acordes en órgano de fuelles, seguido de un
sonido hueco de sintetizador, similar al de un motor a medio funcionar
todo un prodigio de minimalismo imaginativo.
El lado B del vinilo se inicia con Experience: se combinan elementos
barrocos y jazzeros en las partes de inicio y final, cantadas por MINNEAR,
y en su sección intermedia Derek toma la posta de la primera
voz sobre un motivo de rock pesado, en el cual Gary GREEN se luce
particularmente: uno de los temas más complicados y emblemáticos
de la infinita creatividad artística de este "GIGANTE GENTIL".
A Reunion, una balada acústica a ritmo de vals sinfónico,
sirve de reposo momentáneo para el oyente atención
al atractivo juego de violines sobregrabados. El tema que cierra el disco
es el mismo que le da título, y consta de dos secciones claramente
diferenciadas entre sí. La primera sección combina momentos
célticos con otros de corte bluesero: el trabajo de Ray SHULMAN
en el violín es sobresaliente, y la voz de Derek se retuerce
hasta llegar a registros apasionados, casi "inverosímiles". La
segunda sección combina toques de rock pesado con otros de folk
acústico, alternando sabiamente la energía de los instrumentos
eléctricos con la sutileza de los acústicos. El trabajo
del baterista es crucial para mantener la unidad del tema a través
de sus dos secciones, y en general, a través de todo el disco,
WEATHERS cumple a la perfección con su función de
ancla segura para el complicado engranaje musical de sus cuatro compañeros.
El tema concluye con un pastiche de brevísimos pasajes extraídos
respectivamente de cada uno de los seis temas, seguido de un eco de un
cristal rompiéndose, con lo cual se enfatiza en la unidad conceptual
del disco.
En suma, un disco muy bien logrado, que sirve para demostrar que la banda
podía seguir adelante por sus osados senderos progresivos tras
la pérdida de una de sus fuentes creativas. Este disco puede resultar
un tanto chocante para el recién iniciado debido a su emotividad
sombría que mencioné anteriormente, así que en lo
personal, lo recomiendo solamente para los que primeramente disfrutaron
de otros discos menos inescrutables del grupo.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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