
Poco tiempo después de la edición y subsiguiente éxito
de su disco debut, FRÁGIL padeció
una fuerte crisis interna, cuya mayor secuela fue el inconveniente alejamiento
de DULUDE de la banda. Desde entonces, FRÁGIL mantuvo
un perfil muy bajo casi bordeando con la ruptura
hasta que a fines
de los 80s, DULUDE se reencontró con sus viejos compañeros
de banda. Con la incorporación de un nuevo y eficiente baterista,
el entonces jovencísimo Jorge DURAND, el quinteto estaba
completo otra vez y listo para volver al ruedo musical: el concierto "oficial"
de retorno en un antiguo teatro del distrito limeño de Miraflores
fue particularmente memorable. El estilo musical seguía enmarcado
en las coordenadas del progresivo sinfónico y la visión
de conjunto a la hora de arreglar y ejecutar los temas, pero también
se notaba un mayor acercamiento a algunas pautas del mainstream pop-rock
de aquel entonces, lo cual se tradujo en una especie de modernización
de su sonido.
El tema de inicio es un sombrío soliloquio de un minuto, declamado
sobre un fondo instrumental aleatorio: el carisma teatral de DULUDE
está de vuelta, y con él, buena parte de la vieja magia
de la banda. Apenas terminado el soliloquio, comienza 'Animales',
un tema bastante enérgico y llamativo centrado en el deterioro
moral de ciertos hábitos sociales. En contraste, 'Aquella Niña'
aparece como un fuerte drama intimista, apoyado sobre una envolvente y
conmovedora melodía en clave de balada. 'La del Brazo' aligera
un poco el peso emocional, ofreciendo una melodía más alegre
y pegadiza sobre un compás ciertamente bailable: la lírica,
por su parte, sigue siendo seria, pues esta vez se trata de una observación
de la inestabilidad política y tremenda violencia social que inundaban
al Perú desde inicios de los 80s – atención al
efectivo solo de saxo a cargo de Carlos ESPINOZA en la sección
instrumental intermedia. '¿Cuánto Hay?' vuelve sobre
el problema de la drogadicción (como ya se hacía en un tema
del álbum debut), en un tema un tanto sombrío que se extiende
hasta más de seis minutos de duración. ESPINOZA vuelve
a intervenir, pero esta vez solamente para añadir texturas con
su instrumento –atención al breve pero enérgico solo
de flauta al final.
'Como un Loco' es un tema celebratorio, frenético y con
gancho comercial, en clave de boogie, cuyo rasgo más saltante está
en las diestras intervenciones de CASTILLO en la guitarra steel.
El espíritu "trivial" continúa con 'Pilón',
un tema bastante divertido aunque sin demasiada trascendencia. La seriedad
regresa con 'Inquietudes', cuya letra se vuelca sobre la denuncia
social: un tema bastante pesado por sí, la sección final
aumenta la velocidad y los decibeles, terminando de forma bombástica.
Pasando a algo mucho más sereno, 'Huarmy' es un extenso
instrumental, bastante etéreo y envolvente, que consta de tres
secciones: una primera en la cual la flauta se pasea sobre un motivo musical
relajado e introspectivo, una segunda que no es sino un breve extracto
de una pieza folklórica andina (Mambo de Machaguay),
y la tercera de corte sinfónico, en la cual la banda asume una
actitud abiertamente "orquestal", con la guitarra de VALDERRAMA
ocupando el lugar protagónico hasta su conclusión grandilocuente.
El tema que da título al disco es también el que lo cierra:
'Serranio' vuelve al tema social, esta vez a la discriminación
que la gran urbe limeña ejerce sobre los inmigrantes provincianos:
el tono irónico de la letra se corresponde con la alegría
propia de la línea melódica.
En suma, tenemos aquí un disco que no llega a los picos de brillantez
de "Avenida Larco", pero que muestra a un grupo que sigue en
forma, y sobre todo, con suficiente energía para seguir adelante.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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