
La joven banda instrumental peruana FLOR
DE LOTO ofrece una propuesta progresiva de gran calibre, producto
de la confluencia bien amalgamada de diversas fuentes musicales: la psicodelia
de herencia floydiana/crimsoniana, la gracia peculiar de JETHRO
TULL, la furia explosiva del rock pesado, la magia contagiante del
jazz fusión, algo de la densidad distante del post-rock, todo ello ampliamente
sazonado con colores y matices del folklore andino. El rol de la flauta (adicionalmente,
también el de otros vientos autóctonos) es crucial dentro del sonido
global del ensamble, incluso a pesar que es la guitarra de Alonso HERRERA la
que casi siempre sale al frente para hacerse notar de forma contundente: en todo
caso, no es tanto el desafío como la complementación el espíritu
que predomina en los duelos y alternancias entre ambos instrumentos. Mientras
tanto, la sección rítmica de Alejandro JARRÍN y Jorge
PUCCINI se porta de manera sólida y bien afiatada, extendiendo
las ramificaciones de su labor fundante a fin de que los jams se expandan oportunamente,
sin por ello perder un ápice de precisión. En más de una
ocasión el bajo es utilizado para ayudar en la labor melódica,
ya sea en conjunción con la guitarra o la flauta.
El tema de entrada ‘La llegada’ sirve como
un más que adecuado anuncio de lo que será la línea
musical más recurrente dentro del repertorio de este disco:
dicha línea persiste de manera frontal en ‘Libélula’, ‘Ayahuaska’ y ‘El
ritual’, una vía de confluencia entre la extrema
densidad psicodélica progresiva y los colores telúricos
de tono andino que Flor de Loto sabe manejar con frescura y fluidez. ‘El
niño y el puerco’ contiene varios de los momentos
más excitantes del disco, merced a su base jazz-rockera,
y su intrépido interludio de corte jazz fusión con
raíces en el folklore afro-peruano –¡brillante!,
mi favorito del disco junto a ‘Libélula’ y ‘El
errante’. Esta última pieza combina la cadencia
del rock blueseado y el color del barroco con bastante prestancia;
la flauta se me hace bastante tulliana aquí, así como
en ciertos pasajes del variopinto tema de cierre ‘Suculentas
Frutas’. ‘Negativos de una Memoria Inexistente’ tiene
dos secciones bien diferenciadas: la primera muestra las aristas
rockeras más afiladas del disco, mientras que la segunda
cambia drásticamente a una danza andina brumosa, nebulosa,
casi distante. La breve pieza acústica que se titula igual
que el cuarteto y el disco es una bella muestra de serenidad bucólica
que funciona como un oasis de relax en medio de tanto despliegue
frontal de energía. A veces aparecen intercalados algunos
soundscapes de guitarra, muy a lo post-rock, ya sea como preludios
o cierres de ciertos temas, o incluso conformando un número
independiente, como sucede en ‘Y’. Cabe mencionar
el hecho de que las partes grabadas por el anterior flautista Rafael
VALDERRAMA no fueron omitidas del registro de esta grabación: él
abandonó la banda cuando las sesiones de grabación estaban
avanzadas pero no concluidas, por lo que el nuevo flautista Johnny
PÉREZ se ha dedicado básicamente a añadir
sus intervenciones en flauta y zampoña – con bastante
soltura, dicho sea de paso.
Para concluir... ¡qué más puedo decir! Éste
es un disco que realmente me encanta, lleno de imaginación
musical, entusiasmo, y ejecuciones expansivas bien realizadas: solo
queda esperar y desear que las cosas no se queden en este debut.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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