
Mientras un joven Carl
PALMER aún estaba por decidirse definitivamente a
dejar ATOMIC
ROOSTER para formar parte de un power trío en ciernes
junto con Keith
EMERSON y Greg
LAKE, la idea de hacer una revisi—n rockera de la serie
musical "Cuadros de una Exposici—n" de MUSSORGSKY
ya estaba madurando y cobrando forma en la siempre inquieta mente
de EMERSON. Cuando la cosa ya estaba completa como parte
del repertorio del grupo, se realiz— el concierto registrado en
el presente disco, pocos meses después de la edici—n del
disco debut pocos días después del cumpleaños
de PALMER. El hecho de que este disco tomara más de
un año en editarse se debi— a las serias renuencias iniciales
de la base norteamericana del sello Atlantic, la misma que debi—
ceder ante la evidencia del éxito comercial de la edici—n
británica poco después de la del disco ÒTarkusÓ
[la historia de las empresas musicales suele ser un catálogo
de desprop—sitos y faltas de visi—n, y pocas veces llegan a un final
feliz como fue, efectivamente, en el caso de este disco de ELP].
ÀY qué es lo que tenemos aquí? Un manifiesto de comuni—n
absoluta entre un grupo capaz de crear una infinita energíaÊ
electrizante y un público cautivo por el despliegue de explosiva
pomposidad que tenía lugar frente a sus ojos y ante sus oídos.
Tras escuchar este disco, uno solo puede llegar a concluir que aquí,
de una sola vez, se gest— yÊ perfeccion— el prototipo definitivo
del power trío en el contexto del rock progresivo: en perspectiva,
parece que lo que EMERSON había estado haciendo en
sus tiempos como líder de THE
NICE era mayormente un preludio para lo que ELP estaba
creando en este punto preciso.Ê
El francés Maurice RAVEL fue el primero que recre—
esta serie musical - que originalmente tenía un carácter
intimista - para darle una dimensi—n épica a través
de masivos arreglos orquestales y corales. EMERSON sentía
esta versi—n más cercana a su propia visi—n musical, por
lo que no es de extrañar que el uso del —rgano de fuelles
en el primer ÔPromenadeÕ emule las maderas en la versi—n
de RAVEL. Aunque es obvio que el maestro teclista es el director
del asunto, la suma complicidad de sus dos compañeros permite
que este opus se enriquezca de forma magnífica ø por poner
un solo ejemplo, la balada ÔThe sageÕ es, EMHO, la composici—n
más lograda de LAKE en toda la historia de ELP,
no solo por la suprema belleza de su motivo principal, sino también
por ese cautivante interludio con ribetes barrocos que ayuda a darle
un toque extra de distinci—n a la canci—n como un todo. Pero claro,
lo más recurrente y efectivo del sonido ELP está
expuesto en sus momentos más descaradamente bombásticos.
La primera exposici—n de ÔStorm und DrangÕ viene con ÔThe gnomeÕ:
la pareja EMERSON-PALMER establece un diálogo
con el bajo a puro fuzz de LAKE, hasta que el motivo central
emerge con furia contenida pero inocultable. Otro momento memorable
es la entrada del Moog tras las últimas líneas de
ÔThe sageÕ, dando así inicio a ÔThe old castleÕ;
los delirantes desvaríos emersonianos se tornan luego hacia
el —rgano Hammond para la expansi—n de este tema, la misma que lleva
un título aparte, ÔBlues variationÕ: es sorprendente
c—mo puede asumir EMERSON el protagonismo sin que ello llegue
a quebrar el funcionamiento de ELP como un ensamble en el
sentido más puro de la palabra. Tras el tercer ÔPromenadeÕ,
viene la secuencia de los temas 8ø12, la misma que marca la secci—n
más colorida del disco. La hilera de los dos ÔThe hut
of Baba YagaÕ con la intercalaci—n de ÔThe curse of Baba
YagaÕ es puro heavy metal años antes del invento de esta
etiqueta: un raudal sonoro diseñado para excitar al oyente
sin darle un ápice de descanso ø ni siquiera en los breves
momentos en los que PALMER detiene su labor batera, pues
allí aparece un filudo bajo fuzz a cargo de LAKE sostenido
por misteriosas cortinas de —rgano, perpetuando de este modo la
tensi—n. ÔThe Great Gates of KievÕ tiene la misma dosis de
energía, pero su prestancia es más épica, apartándose
de lo agresivo para apuntar hacia lo solemne. Ni siquiera el juego
masturbatorio con el Hammond que realiza EMERSON en uno de
los interludios rompe al aire de solemnidad que impera en este tema,
un aire que llega a su emotivo clímax en la coda ÔThe
endÕ: hasta aquí tenemos un fabuloso epílogo para
este proyecto mussorgskiano.
El disco no concluye con el tema antes mencionado, sino con ÔNutrockerÕ,
un cover del jazzman Kim FOWLEY quien, a su vez, retom— una
de las secciones de la suite de ballet ÔCascanuecesÕ de TCHAIKOVSKY.
Lejos de parecerme un anticlímax, tal como señala
más de algún comentarista, me parece que este tema
de cierre es oportuno, pues muestra la capacidad de ELP para
aligerar un poco el ambiente después de mostrar un opus tan
monumental como el conformado por las doce primeras piezas. A diferencia
de su excelente disco debut hom—nimo, en el cual EMERSON,
LAKE y PALMER estaban más que nada observándose
en un primer acercamiento mutuo, ÒPictures at an ExhibitionÓ los
muestra como una banda 100 % integrada ø este disco es, en sí
mismo, una de las obras maestras más valiosas del género
progresivo.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
|