
Alexander SKOROBOGATOV, refugiado en su proyecto EGO
EIMI, pone ésta, su primera producción independiente,
como una muestra de lo que un sólo músico puede arrojar
cuando se es el responsable de interpretar la música, escribir
y cantar los líricos y pensar y escribir también las
partituras, sin contar con el apoyo de una etiqueta para producir
sus discos pero con todo el entusiasmo y ganas por compartir su
mundo interno con cuanta gente esté interesada en conocerlo.
A pesar de que Alexander se apoya en cajas de ritmos,
sintetizadores y computadora para hacer su música, ésta
no se escucha artificial. Le ayuda mucho el timbre natural de sus
guitarras, su canto, y una gran capacidad para hacerle ingeniería
a los sonidos. Musicalmente hablando hay que reconocer que sí
compone y que la experimentación está presente en
cada muestra interpretada. La programación no es tan exhaustiva,
los teclados crean bien atmósferas. Hay buenos cambios y
la guitarra acústica le da limpieza natural a los timbres.
Le gusta mucho jugar con atmósferas estables, un tanto espaciales.
Las influencias musicales que se reconocen van desde lo gótico
hasta lo flamenco, con un buen equilibrio entre acústica
y electrónica. Los cantos son en ruso y eso me resulta por
demás loable.
Sin embargo hay que reconocer que no todo está bien logrado.
Los aspectos negativos que hallo en este álbum son cuestiones
como que la voz está disparada de nivel, se escucha demasiado
fuerte y esto demerita un poco el fondo musical porque se pierde
la identificación de todo su elemento. Lo menos agradable
son las cajas de ritmos pero por fortuna no abusa demasiado de ellos.
Por último, a la producción le hace falta mano, pero
no hay que perder de vista que éste es un proyecto independiente
que se logra sin apoyo empresarial.
–Alfredo
TAPIA CARRETO. Opinión personal.
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