
EGG inició la que para muchos (incluyendo a quien esto escribe) es una de las carreras musicales más impresionantes de la facción progresiva Canterbury con su homónimo disco debut, un espléndido catálogo de sonidos ingeniosos en los que confluyen la psicodelia, el sinfonismo primitivo a lo THE NICE (Dave STEWART siempre fue un confeso admirador de Keith EMERSON), el jazz-rock, y a veces, también el blues progresivo a lo GREENSLADE. La manera en que STEWART apoya sus despliegues en los teclados sobre la dupla rítmica de Mont CAMPBELL y Clive BROOKS es sintomática del perfecto nivel de mutua compenetración creado por el trío, el cual elabora un sonido propio cercano al power pero sin recurrir a pirotecnias exhibicionistas… aunque tampoco llegando a ocultar su solvencia técnica.
Con el uso de un generador de tonos, STEWART garantiza el recurso de sonidos bizarros dispuestos a ornamentar en varias ocasiones sus ágiles aportes al órgano y al piano de cola, cuando no perpetrando extraños pasajes breves como son el prólogo ‘Bulb’ o el interludio ‘Boilk’, el mismo que cierra la primera mitad del disco. Más extensa es la sección ‘Blane’ de la monumental ‘Symphony no. 2’, en la cual el generador crea alucinados viajes cósmicos que se superponen imponentemente sobre las etéreas cortinas de órgano que subyacen en el trasfondo. Estos momentos de frontal psicodelia son solo parte de la diversidad sonora expuesta por EGG. ‘While growing my hair’ y ‘I will be absorbed’ son sendas piezas no muy extensas en las que CAMPBELL luce su jovial estilo tenor en comunión con las armonías y adornos de órgano: la primera de estas canciones es mayormente jovial, mientras que la segunda es un poco más reposada, sin llegar a hacerse lánguida. Incluso en los momentos más solemnes, EGG no puede evitar demostrar su sentido de la energía, tal como sucede en ‘Fugue in D minor’, basada en una de tantas composiciones célebres de Johann Sebastián BACH. STEWART asume en esta pieza un estilo que se me hace muy emersoniano, aunque el sonido grupal más bien resulta emparentado con el clasicismo estilizado de PROCOL HARUM.
De los temas cantados, mi favorito personal es ‘The song of McGuillicudie the Pusillanimous…’, el cual exhibe una densidad explosiva muy bien llevada sobre un compás de 5/4. Una vez más sale a relucir el cierto parecido con THE NICE, pero desde ya EGG sabe concretizar su propia sonoridad dentro del formato de power-trío con base de órgano. Antes de este tema aparece una de las ideas más extrañas del disco: un majestuoso solo de piano con patente esencia académica sobre el que fluyen unos extravagantes adornos de generador de tonos. Esos adornos emulan una especie de delirante risotada psicodélica, justificando así el título de ‘They laughed when I sat at the piano…’ – una cuota de humor dadaísta muy común en la escena Canterbury. Ya hemos mencionado a la obra magna del disco, ‘Symphony no. 2’. Las secciones que ocupan el desarrollo de esta exquisita sinfonía progresiva alternan la vibración del parámetro Canterbury, la estilización prototípica del sinfonismo (incluyendo algunas citas explícitas a piezas de música clásica) y los delirios amorfos de la psicodelia. ‘Movement 4’ hace un reprise de pasajes de los dos primeros Movimientos, haciendo que la Sinfonía complete su propio círculo. Es un cierre espectacular para un disco excelente. Atención, que no se trata del único trabajo sensacional de EGG, pero eso será motivo de otras reseñas.
–César Inca MENDOZA, para Manticornio.
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