
Este enorme disco de ECHOLYN debe ser considerado como una obra especial dentro de su trayectoria: "mei" ilustra una reelaboración de las mejores cualidades de ECHOLYN como fuerza creativa y ensamble preformativo, pero a su vez, porta un lirismo tan especial que no puede ser honestamente recomendado como punto de partida para el no iniciado. Para entrar en ECHOLYN es preferible comenzar con “Suffocating the Bloom” o “As the World”. Bueno, a fin de cuentas, "mei" queda como uno de los discos más hermosos del progresivo del nuevo milenio, y probablemente su destino sea el de erigirse en un clásico una vez que pasen unos cuantos años más y lo reapreciemos desde la distancia del tiempo en un futuro no muy lejano. El disco consiste en una única pieza que casi toca los 50 minutos de duración. Esta suite muestra una armonía bien integrada entre las secciones más suaves y las más fuertes, sostenida sobre bases armónicas de predominante tendencia claroscura, la misma que se realza por obra y gracia de coloridos emotivos. ECHOLYN estaba ciertamente decidido a navegar por nuevas aguas desde su retorno a la escena con “Cowboy Poems Free”: éste significó una renovación del sonido ECHOLYN, pero lo que pasa en "mei" es una declaración de principios desde un nuevo punto de partida. Los recurrentes elementos inspirados en el jazz, el rock duro, el R’n’B, el pop-folk acústico, todos ellos elementos típicamente estadounidenses son fáciles de advertir, pero el presente enfoque es muy distinto al habitual (p.e., los otros discos antes mencionados). Por aquel entonces, ECHOLYN funcionaba como un cuarteto, siendo así que el vocalista Ray WESTON se hacía cargo del bajo.
Por supuesto, la banda no se alienado a sí misma de su espíritu original; aun el oyente puede reconocer los rasgos de esta ave fénix, pero queda claro también que esta ave ha pasado por una nueva fase vital, y vaya que lo está ostentando. Los cimientos de esta nueva vida esta constituida por texturas, capas y ambientes, cada una de ellas ubicada en su lugar preciso dentro de un gran tapiz que dignifica a palabras como ‘majestuoso’ y ‘exquisito’. ECHOLYN sabe hacer notar su fuerza rockera en las partes más fuertes, pero este disco esta muy lejos de circunscribirse bajo los cánones del rock; las sucesivas melodías y arreglos orquestales pueden hacerse fácilmente reconocibles, pero distan mucho de convertir a "mei" en un disco pegadizo. Gracias a la elaboración inteligente de texturas que atraviesa el disco, las partes más fuertes capturan envolventes niveles de intensidad sin llegar a la agresividad (sin importar lo potentes que sean los solos y riffs de guitarra eléctrica, o cuán filudos se hagan los solos de sintetizador y órgano, o cuánta furia salga de las entrañas de WESTON en varias de sus estupendas intervenciones vocales); los pasajes más calmados guardan una cierta inquietud sombría bajo el aura superficial de reposo. La presencia de invitados tocando cuerdas, maderas y percusiones está para ayudar a la banda a completar adecuadamente la amalgama de texturas y ambientes que tienen en mente, no para añadir elementos sinfónicos fastuosos (a diferencia del "The Snow Goose" de CAMEL o el "Journey to the Center of the Earth" de WAKEMAN, por poner dos ejemplos). Esto se nota desde el momento de arranque, con esas capas orquestales que parecen flotar en una niebla otoñal a medida que van desarrollando los primeros esquemas líricos. El robusto pasaje rockero que emerge a partir del sexto minuto emite energía y estilización en dosis iguales. La sección que comienza en el minuto 12 se parece un poco al YES de “Relayer” con una dosis extra de aspereza: los solos de sintetizador evocan una neurosis cósmica. Otros pasajes fuertes surgen en la media hora y en el minuto 38. Otro detalle es el ocasional empleo de loops percusivos, novedosos en un disco de ECHOLYN: no son muy abundantes, pero sirven como introducciones a las bases de batería que de inmediato tiene que proporcionar Paul RAMSEY. El clímax que se inicia desde el minuto 41 ½ adquiere una profundidad excelsa en un crescendo muy bien controlado formado por motivos ya antes aparecidos; los últimos 2 minutos redondean la idea con un clima acústico, conciso e introspectivo. En líneas generales, la estrategia compositiva exhibida en el disco es menos intrincada que en los discos de la primera fase de la banda, pero tal como se indicó antes, la complejidad está en la gestación y manejo de texturas y ambiente.
Más allá del hecho de que los miembros de ECHOLYN hayan expresado su desdén por la palabra ‘progresivo’ en más de una ocasión, me parece que "mei", un trabajo musical enfocado en la creación de tanta riqueza sonora con tanta distinción y con un sentido unitario tan plenamente orgánico, merece portar esta etiqueta con orgullo y alevosía. ECHOLYN logra exitosamente mantener la frescura y la ambición por ofrecer una visión musical ingeniosa y diferente – su discografía no debería faltar en una buena colección progresiva.
–César Inca MENDOZA, para Manticornio.
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