
Antes de grabar su primer disco, DREAM THEATER
era un combo instrumental denominado MAJESTY, que estaba formado
por Mike PORTNOY (batería y percusión), John PETRUCCI
(guitarras), John MYUNG (bajo) y Kevin MOORE (teclados).
Su estilo estaba desde sus inicios dirigido hacia una fusión de
heavy metal (IRON MAIDEN, FATES WARNING), progresivo (YES,
ELP, RUSH,
KANSAS) y rock duro clásico
(LED ZEPPELIN; DEEP PURPLE;
URIAH HEEP), lo cual
daba un aire de infatigable sofisticación a su entonces incipiente
repertorio. Decididos a incorporar letras a sus temas, reclutaron a Charlie
DOMINICI como vocalista. La decisión no fue del todo acertada,
pues a pesar de las innegables dotes técnicas de DOMINICI;
su registro tenor agudo no terminaba de encajar dentro del sonido de la
banda, y además, el mismo vocalista no se sentía 100 % a
gusto dentro de DT. Sin embargo, por lo que resultó de la
grabación de "When Day and Dream Unite", podemos decir
que se trata de un excelente trabajo (a pesar de la mediocre producción
de sonido), el mismo que significó tanto un realce del progresivo
en los 90s como una reactivación del género metalero,
simultáneamente. Casi de inmediato, DT se convirtió
en una banda de culto.
Pasemos al repertorio en sí. El disco abre con 'A fortune in
lies', un tema contundente que sirve de adecuada carta de presentación.
Otro tema con gancho es el instrumental 'Ytse jam', en el
que se mezclan la magia de RUSH y la fuerza de IRON MAIDEN,
recicladas por el sello personal de DT. Los mayores atractivos
de este disco se encuentran, en mi opinión, en los temas más
extensos, que es donde DT encuentra espacio suficiente para desarrollar
múltiples ideas y conjugarlas en una unidad complicada y bien integrada.
'The killing hand' y 'The ones who help to set the sun'
son sendas mini-suites que tienen en común un cierto carácter
trágico tanto en su lírica como en su ambiente musical.
Por su parte, 'Light fuse and get away' y 'Only a matter of
time' asumen una actitud más agresiva, e incluso realzan el
aspecto sinfónico de DT, especialmente por el uso orquestal
de los teclados. De más está decir que los músicos
siempre encuentran ocasión para lucir sus respectivas destrezas
técnicas por aquí y por allá, pero esta actitud,
lejos de atosigar al oyente, busca más bien sacar provecho de las
partes melódicas más saltantes.
En suma, un disco que sigue siendo tan revelador hoy como lo fue en el
momento de su primera edición: fundamental para entender los orígenes
y la esencia del prog metal.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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