
CABEZAS DE CERA: Ser una banda de rock en la ciudad de México resulta una de las actividades con más contrastes que se pueda desarrollar. Uno supondría que la posibilidad que nos brinda la Gran Ciudad de disfrutar de una amplia gama de conciertos internacionales nos coloca en una posición privilegiada. Que el bombardeo constante de bandas y músicos de calidad comprobada afinaría nuestros sentidos, excitaría nuestras más profundas exigencias auditivas, pero todo esto sólo es (en el mejor de los casos) en la conformación de ejércitos ávidos de pirotecnia y estridencia sonora, por o que a menudo se pierde la perspectiva del valor real (y hasta el aprecio) de las producciones nacionales.
En agosto del 2003 surgió la idea de filmar un concierto de la banda que sirviera para documentar hasta ese momento la trayectoria y el desarrollo logrado en los seis años anteriores.
Las condiciones nunca fueron las ideales, una por una logramos sortear las dificultades que se nos presentaron para que, en un tiempo increíble (4 horas), la tarde del 6 de diciembre pudiéramos organizar a 20 personas para grabar audio y video de un solo concierto. Este transcurrió sin tropiezos, se tocaron las piezas más significativas de nuestras dos producciones además de dos estrenos de "Metal Música Aleaciones Aleatorias". Quedamos satisfechos y así, en dos horas, comenzamos un trabajo de seis meses.
Lo que siguió fue: organizar, escuchar y ver una y otra vez todo el concierto y decidir la forma en que lo presentaríamos. La última y más difícil de las etapas fue financiar la edición de este DVD.
Ahora te presentamos el concierto en su totalidad tal y como se desarrolló, sólo editamos las pausas entre pieza y pieza, pues a nuestro gusto algunas fueron muy largas.
El proceso para realizar este DVD en concierto lejos de ser una tarea pesada, fue un generoso aprendizaje y una forma de unir y ampliar las posibilidades de la banda: esperamos que la energía generada esa noche pueda ser transmitida por este medio y que nuestro esfuerzo sea valorado en su justa dimensión.
—Edgar ARRELLÍN ROSAS.
|