
Para su tercer disco "Arkana", ASGARD
cuenta con un nuevo baterista, Marco FERRERO. Poco antes de su
incorporación, Thomas SCHAUFLER (quien al poco tiempo ocuparía
la plaza en otra banda italiana, GARDEN
WALL), estuvo unas cuantas semanas en el grupo, y llegó
incluso a registrar su breve participación en la banda en uno de
los temas de este disco. El estilo de la banda sigue siendo el mismo,
pero se nota en las melodías y los arreglos una mayor dosis de
sofisticación y energía, así como una mayor y más
fluida compenetración entre los músicos; además,
la producción de sonido está mejor cuidada, dando como resultado
un trabajo más pulcro y maduro. La voz de Kikko GROSSO también
suena más curtida.
El primer tema, 'A Gathering of Fairies', exhibe una alternancia
bien afiatada de secciones acústicas y eléctricas, con un
trasfondo que suena medianamente céltico. El que viene después,
'Wulfstan', suena más agresivo y pomposo. Lo mismo sucede
con la suite de 13 minutos titulada 'Olaf Stonehand', aunque ésta
viene enriquecida con contundentes elementos góticos, especialmente
saltantes en su tema introductorio (repetido a modo de reprise en su conclusión).
Las otras dos suites del disco también merecen ser mencionadas
específicamente aquí: 'The Mirror of the King' exhibe
un carácter insondablemente introspectivo a través de sus
casi 17 minutos de duración mención especial a los
recurrentes duetos de guitarras acústicas de parte de MICHIELETTO
y BIANCHI, que nos recuerdan bastante al GENESIS
del "Trespass"; por su parte, 'The Lords of the Mountain'
es una de las piezas más metálicas y sofisticadas que ASGARD
ha escrito e interpretado jamás un cierre realmente espectacular.
Los otros temas son: 'The Queen of Ice', un tema notoriamente
marillionesco, llamativo aunque no tan especial como los demás
de "Arkana"; 'The Squirrel', un pintoresco dueto de guitarras
acústicas con un trasfondo etéreo de teclados y sutiles
percusiones; por último, 'The Breath of a Veiled Goddess',
una hermosa exhibición de piano, con armonías corales románicas
intercaladas en un clímax intermedio, tan expresivo como majestuoso.
En resumen, un disco que no tiene pierde, y que en mi opinión
debe quedar como una de las máximas joyas del revival progresivo
europeo de los 90s.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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