
Éste es en mi opinión uno de los trabajos más
destacados dentro de la trayectoria de ALAN
PARSONS PROJECT: "Pyramid" supone una profundización
más concienzudamente afilada de la fastuosa línea
trazada por el "Tales of Mystery
and Imagination", yendo a la par con una prolongación
del colorido multivalente que marcó al disco "I Robot".
PARSONS y
WOOLFSON,
aunque a veces parecen estar medio cayendo en la tentación
de clonarse a sí mismos, lo que logran aquí en líneas
generales es principalmente reafirmar y solidificar su propuesta
genuina: música elegante y amable, dotada de bastante ingenio
en los arreglos que, sin apartarse realmente de las pautas melódicas
convencionales, crean un aire de bien cuidada exquisitez.
El repertorio de "Pyramid" fluye de forma naturalmente
continua, a pesar de que no hay entre los temas un vínculo
estricto en el sentido lírico: pero sí hay una reflexión
acerca del poder de los vaivenes del destino sobre las ideas y proyectos
de los humanos, simples criaturas mortales cuya esencial fragilidad
se hace notar desde la perspectiva global de la historia y del orden
del universo. Voyager da inicio al álbum
al modo de un pomposo preludio reflexivo, dando luego pie a What
goes up... – una meditación sobre la futilidad
de las cosas terrenales, aun las más magníficas y
pretenciosas –, para luego concluir con The eagle
will rise again – un hermoso canto melancólico
al poder que tiene la motivación por resurgir, muy en tono
de Renacimiento –. One more river reincide
en la idea del resurgimiento, esta vez con un cariz más frontalmente
afirmativo, en clave de pop-rock con leves colores de RnB.
Pero antes de que el lado positivo de las cosas se apodere ideológicamente
del asunto, llega Cant take it with you,
a modo de contraparte; aquí vuelve la idea de la futilidad,
esta vez centrada en la noción de que la muerte del individuo
significa no solo la interrupción de cualesquiera proyectos
se tenía en mente para el futuro inmediato, sino que también
resulta que la muerte es una instancia en la cual no se puede disfrutar
de las buenas cosechas del pasado. El silbido del Ángel de
la Muerte, quien con extrema amablemente solicita al hombre que
se deje llevar hacia la barca de Caronte sin mayores aspavientos
ni protestas, me estremece hasta el día de hoy.
El lado B del vinilo comenzaba con el poderoso instrumental In
the lap of the gods, una de las composiciones más ambiciosas
y bombásticas de PARSONS y WOOLFSON. Tras una
breve introducción de corte exótico sobre un fondo
de campanas funerarias y una brisa distante del limbo, el repentino
estruendo de un trueno da inicio a una alucinante manifestación
de puro sinfonismo en la cual el grupo, la orquesta y el coro interactúan
con absoluta fineza y precisión, creando un ambiente dramático
semejante al de una fastuosa producción cinematográfica
épica. Con los últimos ecos de los metales y los tímpanos,
casi de inmediato un golpe de gong da inicio a Pyramania,
que es algo así como la reconstrucción parsoniana
del Dreamer de SUPERTRAMP:
un tema frívolo y divertido que funciona como un adecuado
recurso de contraste frente al majestuoso despliegue sonoro del
tema anterior (también fue un single exitoso, dicho sea de
paso). Con Hyper-gamma-spaces sigue funcionando
la lógica de trabajar con varios registros dentro de los
confines de un solo álbum: a mí esta pieza me suena
como una suerte de cruce entre J.-M.
JARRE y KRAFTWERK,
con un poco más de filo que el primero y sin llegar a ser
tan "robótico" como los segundos. Yo interpreto
este tema como una suerte de celebración de los poderes cósmicos
de regeneración a través de todos los cambios cíclicos
que tienen lugar en el Universo. Mientras los últimos segundos
de Hyper-gamma-spaces se van desvaneciendo en
el fade-out, va surgiendo el tema de cierre, la hermosa balada Shadow
of a lonely man. Esta canción sirve para recordarnos,
una vez más, que la esencia más profunda de las cosas
terrenales reside en su futilidad: en esta ocasión, se trata
de la decadencia irremediable de alguien que otrora era una figura
social prominente. Este relato autocompasivo de un príncipe
convertido en mendigo permite al disco concluir con una sensación
de resignación incontestable ante el hecho de que los hombres
y sus obras, más tarde o más temprano, están
destinados a la muerte y el olvido.
Todas las cosas han de pasar, y "Pyramid" ciertamente
afirma esta noción hermosamente: en suma, este disco es una
escucha más que recomendable, como recomendable es ponerlo
en cualquier buena colección progresiva.
–César
Inca MENDOZA, para Manticornio.
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