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Noviembre 8 del año 2003 por siempre perdurará en
nuestra memoria colectiva como un día especial. El día
en que todo comenzó. El día que se ensambló
sendo grupo de artistas sonoros y multi-medios con un fin y un propósito
en común... Experimentar.
Fue en este primer Festival de Arte Experimental organizado por
el Giratorio de Ekspresión en el que, digamos,
se marco a la música puertorriqueña con una herida
permanente; difícil de cicatrizar y ser olvidada. Una herida
que, afortunadamente, no sanara tan rápido una vez sea expuesta
de nuevo al ungüento de la mediocridad y la irrelevancia artística.
Pero, ¿De donde sale este asunto de la música experimental?
¿Acaso es otra modalidad catapultada por tendencias modernas
del Pop anglo?
La respuesta sería un rotundo y fulminante NO.
La música experimental no es un menester nuevo ni en Puerto
Rico ni en el mundo. Al contrario, es un genero que heredamos de
las investigaciones sonoras de compositores contemporáneos
del siglo XX como John CAGE y Karlheinz STOCKHAUSEN
y que fueron acertadamente digeridas por el público en masa
gracias al interés que el género popular del Rock
ha tenido por el mismo desde la década de los sesenta.
Aquí en Puerto Rico también tuvimos nuestra aportación
en la vanguardia gracias al maestro Rafael APONTE LEDÉE
y de luminarias que residieron en algún momento en nuestra
isla como fue el caso del profesor Francis SWARTZ.
Aparte de uno que otro encuentro esporádico y aislado en
algún remoto salón en el campus de la Universidad
de Puerto Rico o en el Conservatorio de Música, nunca antes
se le había dado la oportunidad al aparato subterráneo
de exponer sus esculturas sonoras basadas en experiencias e interpretaciones
personales de lo que es música experimental o vanguardista.
El éxito de este festival (o giratorio, como su organizador
principal, el profesor Andrés LUGO prefiere llamarlo)
NO puede ser medido ni juzgado de la misma manera que se mediría
un evento común de entretenimiento. No puede emitirse juicio
alguno basado en la cantidad de público asistente; ni tan
siquiera en la sincronización del evento en sí. Cualquier
comparación de esta índole le restaría veracidad
a la razón de ser del mismísimo Giratorio.
El éxito del primer Festival de Arte Experimental se debe
medir a base del crédito histórico que este evento
ha logrado obtener para la música subterránea en Puerto
Rico.
Se debe medir a base del magnifico intercambio artístico
que se llevo a cabo dentro esa impresionante estructura de arquitectura
moderna que es el teatro de la Escuela de Bellas Artes de Arecibo.
Se debe medir por la conglomeración de un selecto grupo
de ávidos aficionados a los sonidos experimentales que, por
vez primera, tuvieron la opción de escuchar excelente música
de vanguardia hecha en el patio y que sea capaz expresar ansiedades
y sentimientos más cercanos a nuestra realidad como individuos.
Si bien el verdadero arte se crea en la escuela de las experiencias
y vivencias de cada individuo; el Giratorio de Ekspresión
es la universidad de los artistas subterráneos en el país.
El papel sónico que desempeñaron los colectivos,
agrupaciones y artistas particulares es prueba suficiente para comprobar
la importantísima aportación cultural que el movimiento
vanguardista de Puerto Rico le ofrece a su país y la cual
nos logra representar como potencia musical de una forma digna y
real destruyendo el estereotipo latinista de que Puerto Rico es
solo música tropical y absurdos iconos Pop.
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